Cosas de Reyna

Quehacer universitario


Jamás acepté que la práctica educativa debería limitarse solo a la lectura de la palabra y del texto. Mas bien debería incluir la lectura del contexo, la lectua del mundo. Pablo Freire. Educador y Teórico Brasileño.


¿Hasta qué punto las universidades deben contribuir al cambio social? ¿Hasta qué grado debe tener y sostener su compromiso público? ¿Es la Universidad un espacio real de transformación y de creación de conciencias individuales y colectivas cuyos egresados a la postre se insertarán en un tejido social que si bien es cierto ha tenido significativos avances, también presenta fibras muy lastimadas y por ende sensibles?


La naturaleza y fin de las universidades es ser un espacio dedicado a la enseñanza superior, centro de cultura donde convergen todas las tendencias de pensamiento, ideologías y de partidos políticos. Es el lugar para la formación de una masa crítica de personas cualificadas y con conocimiento. Es el espacio donde día a día se forman cientos y miles de estudiantes que el día de mañana estarán ocupando cargos públicos. Ahí donde se gestan las políticas públicas y de gobierno.



Así que, sí, las Universidades no pueden permanecer al margen de la Sociedad como élite privilegiada, ausente/carente de sensibilidad hacia su comunidad. Tampoco debe ser una universidad cerrada u otra demagoga. Al contrario, debe ser una entidad que genere compromisos reales y efectivos. El asunto es mantener un dialogo eficaz y productivo con el entorno cualquiera que este sea. Es el reto a asumir, pues no se pueden realizar acciones al margen de otros actores sociales como es el propio gobierno, iniciativa privada, organizaciones civiles, etcétera. Esto va más allá del servicio social y las prácticas profesionales de los estudiantes, que bien es sabido constituyen un puente de interacción que mucho facilita la inserción de los próximos profesionistas al mercado laboral.



Las universidades están obligadas a mucho más. A sostener un liderazgo académico que permita aportar ideas, opiniones, participación de sus integrantes en proyectos y programas donde se aplique ese potencial intelectual que se manifiesta en las aulas. Hoy más que nunca se requiere que las universidades asuman un papel protagónico en la vida pública. Protagonismo responsable, decidido al hacer y al quehacer social, sin perder el carácter de academia. Cada uno desde el rol que tiene: alumno, maestro, investigador, directivo. Es pues, un proyecto conjunto que se integra con las capacidades de cada cual.



Actuar a medias o con escaso compromiso termina siendo vana empresa.

¿Se siente perdido y desesperado políticamente?

A propósito de las declaraciones del Dirigente del PAN en Sonora


Desde muy pequeña me interesó la política. Como muchos a quienes nos apasiona este rubro, mis pininos fueron en oratoria y concursos estudiantiles locales, regionales y estatales. Era mi línea de desarrollo, apoyada siempre por mis maestros, quienes veían en mí a una persona bastante inquieta. Ahora pienso que a lo mejor buscaban que me distrajera en algo para así dejar de sembrar ideas en mis compañeros.


En ese camino fue como topé primero con el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) para escándalo de mi familia. ¡Como que Reyna es de izquierda!, ¡Como que la están entrenando para hablar en público! ¡No, imposible!! Tuve que hacer acopio de mi paciencia –que era poca- y de mi tolerancia –que era menos- y escuchar cansadas letanías sobre lo nefasto del comunismo, donde los medios de producción deben ser propiedad social y no privilegio de unos cuantos. Nada de eso –me decían- son utopías para los flojos, haraganes. Asesinaban mis ideas comunistas con frases contundentes como: ¡Que se pongan a trabajar, haber si así quieren compartir lo de ellos!!


Yo juraba no tener la culpa. En casa de mi Nini – en Cananea- topé con literatura de Karl Marx, Lenin, Mao, y otros, los cuales leía a escondidas. Abundaban libros, revistas, periódicos y folletos que algún tío materno estudiaba con particular ahínco. Así que, de entrada, ni me echen culpa de nada, -decía en mi muy discutible defensa. Me daba flojera tener que discutir sobre algo que estaba decidida a hacer.


Tan efímero como fue ese partido político lo fue mi participación en él. El asunto remató en un jalón definitivo y contundente de mi madre que me obligó a regresar a Caborca y alejarme así de mi Cananea querido y aquella incipiente actividad. O sea, fui perseguida política materna. Ni dudarlo.


Al poquísimo tiempo de llegar a Caborca incursioné en el Partido Revolucionario Institucional, a través del Movimiento Juvenil Revolucionario y de ahí en más, sigo y seguiré siendo priista.


Con mis altas y mis bajas, como cualquier ser humano, con mis defectos y con mis virtudes, con los errores y los aciertos que en mi haber tenga. Sin pretender nada más que el participar con mi grano de arena en lo que así sea posible y desde mi trinchera. Sin ansias pasadas ni presentes de cargo de elección popular. Así que esta columna no tiene mayor interés que el plasmar aquí y ahora que el ser priista, panista, perredista o lo que sea, no impide que cada cual realicemos la labor que nos toca de la mejor manera posible. Con convencimiento y convicción. Que la rendición de cuentas hable por cada cual y de cada quien.


No es la denostación ni la descalificación de las personas ni el trabajo que hayan hecho administraciones anteriores como se pueden fincar gobiernos exitosos o campañas políticas que garanticen posiciones públicas al corto plazo.


No me parece justo ni correcto que se tilde a los priistas como personas que se sienten impotentes, desesperadas y perdidas ante el gobierno estatal y municipal. Es más, me parece irresponsable y poco pensada esa temeraria afirmación.


En principio porque generaliza. Ya es tiempo que ante ese tipo de declaraciones, se den nombres y apellidos. Ya basta de escudarse en el plural para evadir el compromiso singular.


No es pues, el que un partido político sea mejor o peor que otro. Experiencia es la pincelada que cambia el cristal con que se mira y se materializa el ejercicio de la actividad pública. Autoridad y poder no son conceptos sencillos ni domésticos.


¿Impotencia ante qué? La única que se puede sentir es la de ver pasar el tiempo y que la autoridad no actúe en pro de una sociedad demandante de empleo, salud y educación. Ávida de seguridad pública y de tranquilidad. Ansiosos de justicia en incontables casos.


Sí, nos sentimos desesperados por ver que el salario no alcanza y que la atención médica sigue siendo deficiente y altamente burocratizada. Desesperados también por tener que pagar enormes tarifas de energía eléctrica, aumentos constantes a la gasolina o por carecer muchos de lo más elemental para subsistir. La pobreza extrema es una realidad lacerante. Y, ante la falta de rumbo, sentirnos perdidos es un sentimiento natural.


El servicio público va más allá de la pertenencia a un partido u otro. Es cuestión de actitud, de responsabilidad y sobre todo de experiencia en el hacer y quehacer público.

Aplaudo los aciertos de gobiernos panistas pero también critico las muy graves acciones en perjuicio de la comunidad, o la permisión de actividades de sus funcionarios públicos en cuestiones partidistas durante horas de oficina, o el irregular proceder de ellos escudándose en el cargo. La función pública es eso: pública. Y esté quien esté en el poder/gobierno estará sujeto al escrutinio social. Del partido que sea.


Priistas connotados han dejado una huella indeleble en sus comunidades como la nuestra . Y no dudo que habrá otros de diversos partidos políticos que también. De estos últimos, tengo la fortuna de conocer algunos con verdadera vocación de servicio que a la hora de trabajar son verdaderos servidores públicos, conocedores de la responsabilidad que implica el ejercicio de su función.


El Dirigente del PAN en el Estado flaco favor le hizo al Gobernador con las lamentables declaraciones que formuló en días pasados en contra de Los Priistas. Y ni que decir respecto a sus compañeros de partido. Se le olvidó que eso de priistas no son dos o tres personas sino miles que verdaderamente trabajamos con vocación de servicio esté quien esté en el poder. No es eso lo que nos guía ni es eso lo que marca nuestro deber ciudadano.


Y sí, estamos comprometidos hasta la médula en el trabajo que realizamos, donde por cierto, no importa la preferencia partidista sino los resultados que podamos alcanzar.


Que se entienda de una vez: Los partidos políticos no deben derivar en bandos ni pandillas provocadoras de pleitos. Son y deben ser espacios de reflexión, análisis y debate de ideas que permitan integrar proyectos sociales de corto, mediano y largo alcance que les permitan a la postre ofertar a los votantes sus mejores opciones tanto en proyectos como personas para ocupar cargos públicos.


Provocar al pleito, afirmando que no debe haberlo, es verdaderamente inadmisible y reprobable.

Tubutama


Hace unos cuantos días fui invitada a asistir a Tubutama, a reunión del Congreso Local donde habría de someterse a votación la Ley de Seguridad Pública para el Estado de Sonora.


Diputados fueron llegando. Corbata y saco negro la mayoría. Con aquel abrasante calor. Ni mal bajaron de los muy custodiados vehículos cuando ya posaban para las fotografías. Las que ellos mismos se tomaban. Armados con sus IPhone y sus Ipad o sus BlackBerry. Seguro que enviaban mensajitos a sus amigos y familiares dando cuenta de donde estaban, como muestra de su valor y arrojo. Como si los lugareños no lo hicieran día a día. Incluyendo noches negras y sombrías que tanto han tenido nuestros hermanos vecinos.


No faltó quien pretendiera exhibir a la autoridad local portando una cámara o un micrófono. Claro, a la luz y con toda la seguridad pública vigilante. Cualquiera opina lo que se debe hacer. ¡Ah que cómodo es eso!! Gobernar o tratar de hacerlo –en las circunstancias de Tubutama por ejemplo- aunque sea en la medianía, no es fácil. Sobre todo cuando se tiene amarga sensación de soledad y abandono. O cuando se tienen sangrientos antecedentes. Cero justicia, cero tranquilidad.


El tal evento fue el escenario que se armó para que algunos diputados y sus fracciones parlamentarias se lucieran. Otra vez el sabor a hiel, el hacer inconcluso, el compromiso que termina en la foto. El abrazo que resplandece tan pronto como se apaga. Lugareños ansiosos por saber que sigue pero los más con franca incredulidad rayana en la broma cruel, irónica, sabedora de que todo es parafernalia. Se ganó la nota estatal y nacional. Pero ¿Qué se logró para Tubutama y la región?


Insisto y seguiré insistiendo que lo que necesitamos –entre otras cosas- es unirnos como municipios vecinos y formular un plan de trabajo conjunto donde destaquemos ejes de desarrollo fundamentales y de interés para todos en materia de seguridad pública, impulso económico y educación entre otros. Fijar metas es y debe ser la base sobre las cuales se finquen las políticas públicas y de gobierno. Si cada municipio carece de recursos suficientes pero todos presentan necesidades comunes y en todos existen personas valiosas que pueden aportar su intelecto o su fuerza de trabajo, ¿no es acaso consecuencia inmediata e impostergable que tengamos a nivel regional reuniones temáticas que nos permitan una participación social civil más tangible y por ende de mayor trascendencia?


A la par que se iba desarrollando la reunión del Congreso Local en Tubutama, observé a cada Diputado presente. Desconozco si en el recinto oficial hacen lo mismo, pero aquí fue una total falta de respeto hacia la comunidad y los presentes: Algunos jamás, jamás dejaron de enviar mensajes, utilizar sus tabletas, o de plano y con descaro, hablar por celular. Escasos fueron los que estuvieron en cuerpo y mente en el evento. Sendos documentos que minutos antes del inicio de la sesión fueron colocados en sus escritorios, dormían o ¿esperaban? ser consultados o al menos hojeados por sus destinatarios.


De plano, se carece de compromiso y sobra lo que muchos pretenden esconder en la mal denominada prudencia. Porque resulta que ahora algunos comodinos –los encontramos en todos los sectores- llaman así a la falta de arrestos para encauzar acciones contundentes y firmes en la materia que sea, pero que sea eso sí, de nuestra incumbencia social. Porque se asiste a eventos solo para la foto y para que digan que ahí estuvo o para agregarlo a su currículo político, ahora tan de moda. En el fondo no hay sustancia. En los resultados se queda corto, cortísimo.


Con estas actitudes no esperemos llegar a ningún lado. Ya basta de llamarle prudencia a la laxitud y al desinterés. Al deseo de no moverse para no provocar movimiento alguno que perturbe la paz y la zona de confort en que viven algunos seres –se les conoce también como servidores públicos- carentes de compromiso, en tanto las cuestiones sociales permanecen huérfanas de verdaderos líderes.


Hemos comprobado una y otra vez, tantas como desilusiones políticas hemos tenido, que no es ni será a través de partidos políticos o candidatos de ninguna índole por más brillante trayectoria que posean o por más esplendorosa sonrisa marca photoshop, como encontraremos caminos y programas específicos que nos permitan transitar hacia estadios de desarrollo común dignos, con evaluaciones periódicas, de alcance general en lo necesario y específico en lo que se deba.


En tanto los partidos políticos, los pre candidatos y luego los candidatos compiten y/o se destrozan entre sí, hay un mundo real que estamos viviendo y que no permite mayores dilaciones para abordar la problemática imperante. ¿Acaso la seguridad pública o el empleo o la educación se resuelven con los discursos de campaña? ¿Será entonces que todo queda –para variar- en pausa hasta que las nuevas autoridades asuman el poder?


Es un círculo que nos agobia, nos asfixia, nos limita en todo sentido. Es el cuento de cada trienio y/o sexenio. ¿Hasta cuándo?


Estimo que es la falta de metas lo que nos hace más daño como municipios y región. Si tuviéramos definido lo que queremos como tales al corto, mediano y largo plazo, nos limitaríamos a escoger de entre tanto partido político/candidato que mejores opciones nos presentara para alcanzar las que como sociedad hubiéramos elegido tener. Las opciones cumplen su cometido como tales en tanto sepamos a ciencia cierta lo que buscamos y queremos. Solo así resultan ser opciones. De otra manera son como baratijas, vidrios de colores.


El asunto es que carecemos de metas sociales tanto locales como a nivel regional. Así, cualquiera que aspire al cargo público que sea puede ofertar lo que le dé en gana o lo que mejor venda para granjearse simpatías de los probables votantes. Eso si bien nos va y el candidato (a) posee cierta inteligencia, ya que al parecer a últimas fechas lo que pega es la descalificación, el insulto o el señalamiento. La ofensa es la medida.


Para finalizar e ilustrar lo grave de la falta de metas y rumbos, recuerdo un pasaje de Alicia en el país de las maravillas, (Lewis Carroll) cuando se encuentra extraviada y pregunta al Gato cómo salir de ahí:


Alicia: ¿Podrías decirme, por favor qué camino debo seguir para salir de aquí?
Gato: Eso depende en gran parte del sitio al que quieras llegar.
Alicia: No me importa mucho el sitio. –Responde-
Gato: Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes, -contestó-.

¿Candidatos o cándidos?


Salgo de mi casa y lo primero que veo es un puñado de volantes tirados en la acera; el buzón repleto de ellos. Observo las casas vecinas iguales. Tomo uno de ellos y sin sorpresa leo que una persona solicita apoyo y simpatía pues aspira a la diputación local. Dos días atrás otro pintoresco volante topó en mi vista: Uno más – ¡más!- que desea ser presidente municipal. En el recorrido diario a mis labores, observo como van aumentando día a día las mantas y grandes desplegados con sendas sonrisas de quienes buscan, suspiran, desean, sueñan, piden y asumen merecer un cargo de elección popular.


Entro a Facebook y tengo correos por leer. El que no pide apoyo solicita que lo agregue a su página. Pregonan –cual si fuera botín- un caudal de contactos como si fueran votos efectivos que avalan su deseo ferviente de ser el elegido. Twiteer no es la excepción. Abunda cual competencia sangrienta frases elocuentes sobre lo que se debe hacer pero ninguno aterriza en nada.


Mensajes en volantes y redes sociales. Mensajes en mantas y en carteles. Anuncios disfrazados y otros no tanto. Sonrisas de oropel y poses mediáticas. Nos saturan con enormes, largas y cansinas currícula: Destacan desde sus estudios de primaria hasta lo que en este momento hacen. Incluyen lo que sea: padrinazgos de estudiantes, la conferencia aquella de 1980 que impartieron a 5 personas o el curso que llevaron de 3 horas. Aunque sea eclesiástico. El chiste es rascarle a lo que sea. Pareciera que el cúmulo de actividades que han desarrollado les es suficiente para merecer un cargo público. Claro está que eso de suficiencia para merecer entendido desde la perspectiva de estos seres. De otra manera difícilmente comprenderíamos algunos casos. Es la danza de los papeles en el mejor de los casos. Licenciaturas, maestrías y doctorados son cuestiones académicas que resaltan en negritas. Con letra más grande. Que se note. Que no pase desapercibido.


Y esto apenas empieza. A nadie parece importarle los tiempos electorales y de campaña. A ninguno le parece necesario cumplir con la normatividad que marca el Código Electoral. Surge la idea fatal - por lo muy posible- de que los partidos políticos están al si me delatas te delato. Se finge molestia pero se actúa igual. Eso sí, a la hora que sus intereses se vean afectados, los veremos rasgarse las vestiduras y exigir justicia y equidad con voces ahogadas, temblorosas, arengando dramáticamente con un micrófono ante sus simpatizantes y los no tanto, pero que acuden a ver qué sucede o tal vez porque no hay mejor cosa que hacer. Para el desenfado pues.


Los currículos no hacen buenos candidatos. No es la cantidad de puestos los que avalan a un buen presidente o un buen diputado. Habría que analizar como desarrollaron esa actividad y que hicieron en ese tiempo… Y por sobre todas las cosas, como salieron de ellos.


Si bien los grados académicos son importantes y necesarios, éstos no son garantía de sensibilidad social ante la problemática imperante ni es tampoco garante del sentido común que debe prevalecer en quienes ocupen un cargo.


No es la mejor sonrisa, ni el más pulido mensaje, ni la cantidad de contactos en las redes sociales, ni la manta más espectacular o la fiesta más nutrida la que definen a un buen candidato. Es el proyecto de trabajo que por cierto, en ninguno de ellos se ve ni se percibe. Un puñado de mensajes no hace un plan de trabajo. Ni definen rumbos. Ni avalan conceptos claros sobre gobernabilidad y políticas públicas que tanto requerimos. Con mucho, son vagas ideas que ayer leyeron en frasescelebres.net o en proverbia.net . Eso que nos los dejen a los simples mortales usuarios de las redes sociales, no a quienes se supone deben demostrar conocimiento político y de gobierno o al menos contar con asesores suficientemente preparados. La simulación no es el camino.


Seguimos con sed de proyectos que contengan ejes definidos que los ciudadanos podamos discutir, analizar y formular propuestas. Centrar el aquí y el ahora para desarrollar líneas de crecimiento común que nos permitan trabajar lejos del discurso y del oropel político. Y para esto no hay tiempo que esté prohibido por ley alguna. Es de marcaje social común.


¿O será tan difícil esta tarea?


Irónicamente cada uno de los ¿candidatos? Asume que aún no es tiempo de proyectos de esa naturaleza. Pero sí lo son para destacar y rendir culto a sus personas.

Memoria selectiva


Sucede con tanta frecuencia que pareciera común, ordinario y simple.


Los mexicanos tendemos a olvidar el pasado reciente y traer el más distante al presente. Todavía seguimos sancionando a Pancho Villa, Emiliano Zapata, Benito Juárez o Porfirio Díaz. Es más, aun es tema de debate Malintizin, más conocida como Malinche en cuanto a que si verdaderamente nos vendió al conquistador Hernán Cortés o simplemente actuó por amor. Pero esa es otra historia de la cual –por cierto- se tiene teoría propia.


El asunto es que en materia política es peor. Se señala con índice de fuego fechas como octubre del 68 o el error de diciembre del ´94 pero día a día se nos olvidan los crímenes cometidos ayer. Laxa es la ley y la justicia respecto a los niños de la Guardería ABC o las Muertas de Juárez o las madres que claman llorosas justicia por sus hijos desaparecidos. Pareciera que la nota roja de hoy sustituye a la anterior, cual si fueran páginas que van pasando sin marcar precedente.


Partidos políticos se desgarran señalando al otro como al causante de todas las desgracias nacionales, pero a casi doce años de distancia de la alternancia en el poder, no se advierten cambios sustanciales que den rumbo a la nación. La generación de empleos es escasa y si no, basta ver a miles de egresados de las universidades sumidos en la desesperación que terminan subempleándose porque lo principal es sobrevivir. Médicos, arquitectos, abogados, contadores, administradores y demás, laborando como recepcionistas, cajeros, secretarias, auxiliares de oficina, etcétera. Empleos honrosos por supuesto, pero no acordes a su preparación.


Creo que el discurso aquel de que es poco tiempo para resarcir daños ya no alcanza para justificarse. Las estructuras administrativas y de gobierno son mas engorrosas que nunca, muchas de ellas en manos de personas que ni siquiera poseen un título universitario en aquellos puestos que así demandan. La mayor de las incongruencias e ineptitudes de gobierno.


La memoria colectiva es delgada y selectiva: Ya se nos olvidó la opulencia de Martha Sahagún y los actos ilícitos de sus hijos. Ya no recordamos el rosario de ilegalidades de Vicente Fox o las escandalosas asignaciones de obra pública federal, estatal y municipal. O las irregularidades de los tribunales y consejos electorales en las elecciones inmediatas anteriores.


El que un solo partido político haya ocupado largo tiempo el poder derivó en irregularidades de todo tipo. Tipos que al parecer, han sido sustituidos por otros. Entonces, ¿Dónde está el cambio?. Tal vez fueron demasiado altas las expectativas o muy corto el merecimiento. Lo cierto es que no vemos un proyecto que defina una visión de país a veinte o treinta años. Sobre todo en los municipios: Caminamos erráticos, bajo inercias provocadas por una disgregación social resultado en mucho por la falta de líderes reales y auténticos.


En fin. Recordar el pasado solo para justificar conductas actuales y/o enardecer a las masas con discursos amañados no tiene sentido, pero hacerlo para evolucionar y ser un real motor de cambio que ayude a reconstruir el tejido social en tantos temas que a todos nos interesa, eso sería otra historia.

En otras columnas he mencionado y lo seguiré haciendo: Somos los municipios los que debemos por necesidad y por subsistencia contar con planes de desarrollo local y regional más allá de los tres años o de los seis o de los doce. Requerimos rumbo pero también requerimos analizar y evaluar los avances que tenemos como comunidad en rubros como educación, seguridad pública, economía, etcétera.


En épocas electorales seguramente observaremos algún o varios debates entre los pomposamente denominados líderes de cada partido político. Lideres durmientes porque en los tres años difícilmente destacan. Son Líderes de época, circunstanciales, temporales. Con fecha de caducidad.


De continuar así, no nos sigamos quejando de lo que hemos hecho hasta este momento ni nos asombremos que en 20 o 30 años más, sigamos exactamente igual…. O peor.




Y el relevo generacional que?


Pocas veces se aborda el tema. Tal vez sea por desinterés, por pensar que somos insustituibles, que vamos a durar para siempre, porque vemos lejano el momento de retirarnos y por un largo etcétera enfocado todo a evitar o posponer el inevitable relevo generacional.


Lo cierto es que vivimos tres generaciones a la vez: La que nos antecede, la que precede y la actual. Esta última lleva una doble responsabilidad ya que está obligada a atender a los de antaño y velar por la que está en formación. Su actuar en el presente impacta a ambos lados. La calidad de vida de cada cual estará en función del grado de desempeño que se posea en la implementación de políticas públicas y su ejecución, donde todos nos involucramos en mayor o menor grado.


Pero, ¿a qué exactamente nos referimos con relevo generacional? Al fenómeno que tarde o temprano debe por necesidad darse: que las nuevas generaciones vayan sustituyendo a las más antiguas, de manera tal que el peso del desarrollo social - en general- recaiga en los hombros de los más jóvenes. De ahí que el tema adquiera cada vez mayor relevancia.


Creo que en este caso, una pregunta se puede responder con otra: ¿Qué estamos haciendo ahora por ese relevo generacional inminente? Pensamos y nos preocupamos por los planes de desarrollo gubernamentales, presupuestos, seguridad pública, acceso a una educación de calidad, pero, ¿Cómo medimos que estemos preparando adecuadamente a quienes en el futuro, al corto, mediano y largo plazo habrán de gobernarnos y dirigir los destinos del país? Y no me refiero solamente a los gobernantes. En su más amplio concepto, se puede incluso dirigir el destino de una nación desde el aula misma en sus etapas más iniciales de enseñanza. O desde el seno de la familia. Nadie sabe a ciencia cierta quien o quienes serán líderes. Es más, ni siquiera es posible definir ahora lo que es adecuadamente, pues cada cual tiene una idea de lo que es o debe ser. Entonces, se torna más difícil el determinar - o al menos aclarar- lo que hacemos ahora por el mañana.


Los ejemplos a utilizar son sencillos. Se perciben en la cotidianeidad: Dentro de las estructuras de gobierno ¿Han ingresado nuevas generaciones y si así ha sido, poseen las habilidades y actitud de servicio? ¿Existe el espíritu proactivo y dinámico que se requiere? O, por el contrario, son nuevas generaciones con comportamientos pasivos donde el trabajar implica esfuerzo evitable, donde la holgazanería se disfraza de múltiples ocupaciones y nulos resultados, o bien donde simular es la misión y visión de cada servidor público?


Dentro del sector educativo, fingimos el aprendizaje, lo vinculamos al sector productivo y económico o lo sometemos al escrutinio total del aula a distancias kilométricas de la realidad? ¿Estamos las generaciones actuales viendo solo lo nuestro – mi título, mi posgrado, mi plaza- o asumimos un compromiso global con presente y el futuro?


Y qué tal si nos referimos a nuestra calidad de ciudadanos con el bagaje de obligaciones que conlleva? ¿Somos ejemplo a seguir? ¿Tenemos y fomentamos esta calidad? Es más, ¿Transmitimos esta enseñanza a nuestros hijos?


Nos rasgamos las vestiduras por los índices de contaminación y carencia de desarrollo sustentable. Desde luego que está bien cuidar y vigilar la conservación del medio ambiente, pero ¿hasta qué punto estamos contaminando con actos de corruptela, desidia, falta de valores, de ética y de integridad a las nuevas generaciones? En este México nuestro donde la corrupción no baja sus niveles, donde el discurso se aleja de la realidad o peor aún, no responde a las necesidades sociales, donde el desempleo es la constante y la pobreza aumenta, encontramos pues un abrevadero que muy poco sirve de ejemplo.


Pudiéramos ir formulando un análisis semejante respecto a los partidos políticos, al empresarial, productivo e incluso hasta el religioso. Finalmente todos son parte de una estructura social cuya trascendencia será medida por la calidad de sus componentes.


En suma, la preparación del relevo generacional descansa en cada uno de nosotros aunado a la visión conjunta que como sociedad tengamos.


El futuro será justamente según actuemos en el presente.

¿Idealista o realista?




“Los ideales están en ti; el obstáculo para su cumplimiento también”
Thomas Carlyle.

¿Conservas tus ideales o los has modificado? Así, a bote pronto me preguntó un apreciado amigo con quien acostumbro compartir largas charlas de café. No fue necesario meditar mucho. Los conservo –contesté-. Y para no variar, dimos inicio a otra más de nuestras interminables conversaciones.


De vuelta a casa continué pensando en el tema:


En un mundo donde impera la pobreza y la desigualdad; donde el discurso se juzga a partir de la entonación en un muy dudoso sentimiento patrio que se le imprima y no en base a realidades sociales; donde la simulación en el hacer es la moneda de cambio constante y donde la voz se eleva sin piedad para criticar sin sentido ni consistencia, difícilmente sobreviven los ideales… pero lo hacen. Por fortuna.


Me refiero a los ideales que contienen valores dignos de personas dignas, pues es bien sabido que aquellos por si mismos no son necesariamente positivos. Alejandro Magno, Napoleón, Gorbachov, Benito Juárez, Emiliano Zapata, Gandhi, Mandela, y a un largo etcétera de personajes de la historia universal se les caracterizó no solo por defender los suyos, sino por darles vida en la realidad. El asunto es que también los tuvieron Hitler, Mussolini, Pinochet, entre otros obscuros individuos. Demostrado está que los ideales han inspirado los más sublimes sentimientos pero también las más cruentas batallas. Escoger es destino.


En este desierto de razones para creer, emerge como pirámide colosal una buena cantidad de personas con ideales claros, nítidos, profundos. Representan el motor que día a día motivan a aplicar el mejor esfuerzo en las tareas que diariamente realizamos. Contar con ellos es tener razón de ser y de hacer. Una persona con ideales, luce distinta, proyecta dinamismo, sonríe, saluda con cortesía, formula comentarios agradables, encuentra el lado amable de las cosas/situaciones. Propone y actúa en consecuencia. No crea enredos en su entorno laboral solo para granjearse dudosas simpatías sin mayor esfuerzo que la crítica o la denostación. Antes bien, trabaja con esmero y dedicación. Predica con el ejemplo y actúa en consecuencia. Realiza sus tareas bajo la premisa del entusiasmo –no existe la rutina en sus conceptos- y sobre todo, inicia y culmina sus labores. Nada de medios haceres. Nada del ahí se va.


No, no son seres raros: Viven y conviven diariamente en nuestras comunidades: son personas que mantienen sus ideales por encima de negatividades que se presentan a su alrededor. Son individuos con sentido común y madurez personal/familiar que saben construir realidades a partir de sus propios ideales. No se trata pues, de escoger entre ser idealista o realista.


¿Estamos actualmente en el lugar que ansiábamos? ¿Tenemos el trabajo que pretendíamos? ¿Somos las personas que aspirábamos ser en lo profesional, personal y familiar? Tal vez no. De hecho, lo más probable es que estemos en el lugar, personas y espacio que ni siquiera pensamos antaño. El asunto es pues la actitud con la que asumamos el aquí y el ahora. O nos convertimos en seres nefastos, negativos, sombríos, rumiando amarguras, despotricando contra todos, con la bandera del todos están mal menos yo, o adoptamos el camino del hacer y ser proactivos, cuyo inicio por cierto está en la esencia de cada uno de nosotros. Ya lo dijo Manuel de Epícteto… Si no eres feliz… el culpable eres tú.


Más que recordar los ideales que nos hemos forjado a lo largo de nuestra existencia, es menester tenerlos presentes. Tal vez en forma más adaptada, menos ambiciosa, más pulidos o mejor adecuados a la realidad. Que nada nos amargue: No es la modificación lo trascendente. Lo verdaderamente relevante es poseerlos ya que de esa manera le damos sentido y sabor a la vida.


Quien vive sin ideales está condenado como los peces muertos: A dejarse llevar por la corriente de la comodidad.






Mujeres y Madres



De acuerdo a la tradición, este 10 de mayo se honrará a las madres. Innumerables frases llueven ya por facebook y twitter. El amor materno potenciado. Pareciera concurso de mensajes, a ver cual es la más destacada, la más sentida, la más original. Para la mamá trabajadora, la incansable, la que todo da sin esperar nada a cambio. También para la que ha fallecido y se ha llevado con ella la luz. La que está ausente pero siempre presente en espíritu. Para la madre que sacrifica su vida en aras de los hijos. Los hogares serán coronados con alguna reunión para festejarlas y panteones estarán llenos de flores para quienes estén en otro lugar. No cabe la menor duda que todas y cada una de ellas posee una historia digna de ser contada y aquilatada por sus seres cercanos.

Por alguna razón que desconozco, estos días he estado pensando en esta fecha pero mi pensamiento se va hacia las mamás que permanecen en el obscuro silencio del anonimato social. Las que han perdido hijos en esta batalla contra el narcotráfico que tantas vidas inocentes ha cobrado. Escucho el grito callado de las madres de las Muertas de Juárez que todavía claman justicia. Mamás que por la irresponsabilidad de otros se han quedado con los brazos vacíos sin sus pequeños, como lo fue el caso de la Guardería ABC. Madres que han sido mudo testigo de las injusticias sociales y que viven día a día la falta de salud, de empleo y que a duras penas sobreviven.


Madres que delinquen y no por eso dejan de serlo. Mujeres narcotraficantes, delincuentes y carentes de tantas cosas pero nunca del instinto materno. Mujeres calificadas con alto grado de peligrosidad y a la vez con enorme instinto materno capaz de dar hasta la vida misma por su descendencia.


Madres que enferman pero nunca caen. Admirables en su actuar, ejemplares en su conducta, perennes en su amor, que trascienden las fronteras del tiempo y del ahora.


Curiosamente, en el folklor de nuestro país, Madrecita es la mamá o la abuela pero también madrecita significa algo pequeño o insignificante. A la madre se le venera pero decir “a la madre” es expresión de estar cansado o agobiado. Decir madres es indicativo de palabras obscenas y valer madre es que no tiene ningún valor. Pero la Madre vale y mucho. Intocable.


En este país nuestro tan policromático, apenas los mexicanos comprendemos como puede ser lo anterior posible, donde incluso la entonación que demos a la palabra dennota el significado de la misma.


Como sea, felicitemos a las mamás que trabajan como jornaleras, obreras, empleadas o empresarias; a las que laboran en sus hogares y a las que participan activamente en obras de beneficio para las comunidades a las que pertenecen. A las que en el aula son formadoras de hombres y mujeres con alto sentido del deber ciudadano. A las que dia a dia procuran el sustento para sus familias y a las que claman justicia por sus hijos desaparecidos.


A las mamás que desempeñan roles de padre y madre a la vez. Y también a los papás que son mamás de tiempo completo.


Que esta fecha trascienda lo meramente comercial y se convierta en un espacio para brindar cariño y refrendar los lazos de familia.


Finalmente, como homenaje a todas las mujeres, este pensamiento de la Madre Teresa de Calcuta

Enseñarás
Enseñaras a volar… pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar… pero no soñarán tus sueños.
Enseñarás a vivir… pero no vivirán tu vida.
Enseñarás a cantar… pero no cantarán tu canción.
Enseñarás a pensar… pero no pensará como tú.
Pero sabrás que cada vez que ellos vuelen, sueñen, vivan, canten y piensen…
¡Estará en ellos la semilla del camino enseñado y aprendido!

El precio del amor



Me refiero al amor que los ya casi candidatos y sus partidos políticos le profesan al voto ciudadano. Aquel que los encumbra y los coloca en espacios públicos sumamente deseados y anhelados. El precio es caro, pero ¡caramba! Para eso hay presupuesto. Este año por ejemplo, el IFE destinó tres mil ciento veinte millones de pesos para el sostenimiento de sus actividades ordinarias.



Y eso es solo el boleto de entrada al presupuesto mayor que son los distintos puestos de elección popular. Así, hasta se pudiera justificar el que la mayoría de los partidos políticos han iniciado en los hechos, la carrera presidencial. Declaraciones en todos sentidos hemos leído y escuchado. Los unos se descalifican a los otros sea por actuaciones del presente o del pasado. No importa. El asunto es invalidar, bloquear, cuestionar, exhibir, reducir, aniquilar.



Mal habla de un gobierno, y de una Nación- aquel presupuesto que se destina en enormes proporciones a la actividad partidista y escasamente considera rubros tan importantes como por ejemplo la asistencia social y de seguridad para aquellos trabajadores que han perdido su empleo o para quienes simplemente no encuentran ninguno. Programas de atención social van y vienen pero poco o nada se aborda sobre los avances reales y plausibles. Un país donde la pobreza no deja de serlo y donde el acceso a la educación sigue siendo cuestionable y cuestionada. Hasta ofensivo es la manera en que se dilapidan los recursos en medios de publicidad, eventos masivos, material promocional y una larga lista que al parecer, no tiene fin.



¿Qué nos espera a la vuelta de la esquina a los votantes? Un alud de discursos, una avalancha de promocionales mostrando cada cual su mejor cara: la que venda, la sonrisa que conquiste, la palabra que halague al oído. La ofensa dicho al adversario para obtener la simpatía de quien sea, con tal de que vote a favor. El apretón de manos que prometa empleo, salud, o lo que sea. El voto es la finalidad. Campañas que implican la danza de los millones, caminar, saludar, tostarse al sol, sudar, sonreír hasta que duela, pronunciar discursos melosos para los votantes con alta carga de agresividad para el rival. ¡Parafernalia pura! La intención es ganar a como dé lugar.



¿Cómo creer entonces en alguno si al final del dia todos persiguen lo mismo amparados en el mismo botín -llámese presupuesto- que les permite hacer y deshacer políticamente lo que mejor convenga?



Como ciudadanos, ¿Qué podemos hacer? Al menos tratar de protegernos y armarnos con una coraza que bien pudiéramos llamar madurez política nacida a partir del acontecer cotidiano que nos permita no entrar en esa vorágine que crean los partidos políticos en épocas electorales. Cuando la mafia partidista entra en su punto cumbre. La verdad y la realidad la tenemos ahora, aquí, en cada hogar, en cada persona: desempleo, falta de mejores condiciones de atención en educación, salud, seguridad, ente otros tantos. Analicemos lo que cada uno de nosotros y en el seno de cada familia hemos logrado a partir del esfuerzo que imprimimos a nuestras tareas y con esa misma madurez, salgamos a emitir nuestro voto razonado cuando asi lo marque el calendario electoral.



Eso sí, aprovechemos este tiempo para exigir a los partidos políticos a que generen compromiso efectivo y que soliciten reducción de sus presupuestos en el futuro, destinándose esas oprobiosas cantidades que hoy les asignan, al abatimiento de los renglones mas sentidos por la sociedad: pobreza, seguridad, empleo.



A ver si es cierto que tanto les duele y lacera la situación social actual.

8 de marzo.



Juramento inicial (Fragmento)
Lisístrata: Lampito, todas las mujeres toquen esta copa y repitan después de mí: No tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Cléonica: No tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante
Lisístrata: Aunque venga en condiciones lamentables
Cléonica: Aunque venga en condiciones lamentables. ¡Oh Lisístrata, esto me está matando!
Lisístrata: Permaneceré intocable en mi casa
Cléonica: Permaneceré intocable en mi casa
Lisístrata: Con mi más sutil seda azafranada
Cléonica: Con mi más sutil seda azafranada
Lisístrata: Y haré que me desee
Cleóniica: Y haré que me desee
Lisístrata: No me entregaré
Cléonica: No me entregaré
Lisístrata: Y si él me obliga
Cléonica: Y si él me obliga
Lisístrata: Seré tan fría como el hielo y no me moveré
Cléonica: Seré tan fría como el hielo y no me moveré
Lisístrata: ¿Todas han jurado?
Mirrina:
Todas


El anterior es un fragmento de la obra del dramaturgo griego Aristófanes que cito a manera de referencia para abordar el tema del 8 de marzo, día internacional de la Mujer. Y no es que haya claudicado en cuanto a mi aversión a esta conmemoración, (ver columna del 22 de noviembre de 2009) sino que en todo caso me pareció interesante hacer alusión a esta obra cómico-satírico-política, a propósito de la fecha.

La obra se recrea en los años que duró la guerra del Peloponeso (431-404 a. C.) donde el pueblo griego estuvo dividido y los hombres dedicados por completo a ella. Lisístrata es una recia y valiente mujer que se cansa de que su marido esté siempre en el frente de batalla. Y como sucede con las mujeres de antes y de ahora, piensa y piensa en cómo hacer para que su marido regrese a casa y se ocupe de ella como corresponde. Me refiero a la casa… primeramente. El asunto es que se plantea como unico e infalible recurso para acabar la guerra el hacer una huelga sexual con la intención de que los hombres desistan de la tal guerra, desesperados por la abstinencia de sexo. Al menos así lo urde esta mujer, que ni tarda ni perezosa convoca a todas sus congéneres de Grecia. No sin reparos deciden unirse pues anteponen los sufrimientos que las unen en razón de la guerra, a las circunstancias que pudieran dividirlas.

La obra está escrita desde la perspectiva femenina, enorme reto para el autor, por cierto. Así, las mujeres son protagonistas, únicas, insustituibles, con diversos matices donde ponen a prueba su voluntad para no caer ante el enemigo en aras de alcanzar la tan deseada paz.

Aristófanes presenta a las mujeres como luchadoras sociales, de férrea voluntad, sensibles a las cuestiones comunes, sabedoras de que quien administra una casa carece de corrupción y tiene en exceso prueba de eficiencia en sus labores.

Las mujeres se hacen presentes en todo lugar de Grecia. Menos en la cama, claro. Para que no se siga financiando más la guerra, toman la Acrópolis donde se encuentra el dinero de la ciudad. Sacarlas del lugar es el gran reto.


La humillación de los hombres es mayúscula: varones educados como guerreros que con esta acción de sus mujeres no saben cómo actuar. Mujeres educadas como madres y esposas que se unen para buscar la paz en toda Grecia. La abstinencia sexual es el recurso. La guerra deriva en un choque entre hombres y mujeres, argumentando los primeros que el amor conyugal es prioritario y que la función de ellas es quedarse en silencio, con el propósito de sacar a las féminas de la Acrópolis, mediante la fuerza. De ahí que Lisístrata pronuncia en la obra su frase memorable: Lo que aquí se necesita no son palancas, sino sentido común.

Total que la obra concluye en que los hombres deciden claudicar ya que la abstinencia los ha mermado más que la guerra misma, argumentando que no hay cosa más indomable que una mujer. La reconciliación va en un doble sentido: la sexual y la paz.

Desde luego que el personaje de Lisístrata actuó bajo determinadas circunstancias de tiempo y lugar, de ninguna manera aplicables aquellos recursos a la actualidad. Sin embargo, dado que el 8 de marzo discursos van y discursos vienen en torno a la mujer, estimo que deberíamos empezar por entendernos como seres humanos (hombres y mujeres) en pro de un proyecto presente y futuro hacia la paz social y al desarrollo sostenido que tanta falta nos hace. Carecer de un rumbo planeado y consensado es privarnos del derecho inalienable que tenemos de ser partícipes activos del cambio en materia de seguridad pública, económico, de atención a la niñez y adultos mayores, de migración, educación, salud y tantos otros rubros que siguen estando en el apartado de deudas sociales. La paradoja es que según las autoridades el mayor recurso económico se destina presupuestariamente a esos renglones, en tanto que la tasa de natalidad disminuye cada año. Entonces, ¿Cómo se explica que no disminuya la pobreza, o el índice de analfabetas o el de población sin seguridad social por ejemplo?

A lo mejor Lisístrata no andaba tan errada. ¿ Acaso sería buena idea que hoy en dia se les privara igual a los (as) políticos (as) de altos vuelos que deciden a su conveniencia los destinos de la nación, los estados y los municipios sin importarles el bien común?

Dejo a la imaginación del lector la respuesta… y las consecuencias de aquel veto en los personajes protagónicos de la política mexicana.


























Las ataduras del silencio



Primera parte.


Pudiera empezar el tema de la semana mencionando los datos de la Secretaría de Salud en México, que advierte que cada cuatro minutos ocurre una violación en México. Pero no es el sentido que pretendo darle a este post. No al menos en esta ocasión.


Tampoco deseo hablar de cifras y estadísticas en torno al tema. Más bien quisiera referirme a quienes han pasado por estas circunstancias y en particular los niños y las niñas. Hablar de esta lacerante realidad es necesario para romper las ataduras del silencio que equivocadamente la sociedad ha impuesto. Paradójicamente, pareciera que adultos escriben para adultos pero no para los niños quienes son los ultrajados.


Abordar pues esta cuestión desde la perspectiva de los niños es tarea casi imposible. Pero al menos hacer una aportación –por humilde que ésta sea-, pudiera mitigar -acaso- el dolor a los seres que han pasado por este trance. Niños de ayer, hombres y mujeres de ahora. Para ellos y ellas. Para quienes han transitado ese camino y han sabido crecerse.


Es una dura realidad que no debemos permitirnos soslayar. Tristemente el orden de los factores impuesto por falsas creencias de lo correcto e incorrecto, deriva en una vergonzosa lista de prioridades a atender: el delincuente, los estigmas sociales construidos a base de ignorancia, la familia y finalmente el menor agredido.


Si bien el eventual encarcelamiento del delincuente es relevante, lo cierto es que esa acción poco o nada ayuda al menor debido a que a su edad –sobre todo cuando son muy pequeños- no alcanza a comprender de bien a bien el castigo impuesto por el Estado. Tal vez sea la familia la que sienta que de alguna manera se lava la afrenta. ¿Y el menor? Queda al final. Para él, el mundo entra en un caos inexplicable. Las discusiones van y vienen sin sentido: Los padres se recriminan mutuamente; el hijo (a) asume consciente o inconscientemente una callada culpabilidad que no le corresponde. Los estereotipos sociales orillan a que la familia pretenda ocultar el hecho. Comportarse como si nada hubiera pasado es la consigna. Voces que callan. Silencios cómplices, culpables, manifiestos, atribulados, desorientados, agobiantes. Por eso no tenemos cifras exactas en torno al tema. Infinidad de casos quedan bajo sombras.


Actuamos sin sentido y nos comportamos peor. Nos gobiernan estigmas sociales donde sin piedad distinguimos el “nosotros” del “aquellos”. Con soberbia asumimos que en el nosotros está garantizada una vida sin eventos de esta naturaleza y en el aquellos segregamos a quienes han sido violentados en su integridad física. ¿Somos pues una sociedad inteligente o seres aplastados por los estigmas sociales? Dejemos entonces esas lápidas que vamos cargando en forma por demás innecesaria y aberrante y afrontemos un mundo de realidades con realidades.


La sociedad crea estereotipos que por lo mismo son falsas concepciones de los hechos y a partir de ahí, generamos respuestas que creemos son las correctas. La paradoja es que cualquier código penal establece con claridad el concepto, alcances, medidas, sanciones y formas de castigo. Pero nada refiere la ley con la misma puntualidad respecto a las y los niños que precisamente por ser vidas infantiles, toda su vida cargarán con esta experiencia. La protección es escasa si no es que nula o impráctica porque para iniciar no todas las violaciones se denuncian ni se brinda la atención integral que se requiere en los casos que llegan ante las autoridades.


Son las voces infantiles que callan o se apagan. Risas que dejaron de serlo. Infancia con huecos. Miradas insondables o que se rehuyen. Sentimientos que se guardan en el último cajón porque se teme sufrir o externarlos. O ambas cosas. Llantos que no acaban y lágrimas que no se derraman. Gritos callados en la obscuridad. Noches enteras sin dormir o dormir para olvidar por unas horas. Conductas que no se alcanzan a comprender porque solo quien vive ese infierno sabe lo que significa. Sed de abrazos en el justo momento. Preguntas sin responder. Palabras que nunca se pronunciaron. Silencios no pedidos ni queridos. Ausencia de ternuras, exceso de atenciones forzadas o culpables. Brillos apagados antes de ser y estar.


Niños que se hacen adultos en segundos. Caracteres que se forjan, maduran y desarrollan. Etapas de vida que se viven rápidamente, casi sin saborear cada una porque el tiempo apremia pensando que la que sigue será mejor que la anterior. O para marcar distancia. El acento en la denuncia se traduce en ser personas con conducta justa y responsable. Precisamente lo contrario a lo que recibieron. En suma, se convierten en ciudadanos de calidad cuyo mayor atributo es la consonancia en su labor como personas íntegras. Grandes entre los grandes porque encauzan sus vidas ejemplarmente. ¿Acaso hay algo mejor que retribuirles esa grandeza mediante el seguimiento puntual y absoluto de los casos conocidos y por conocer? ¡Y aun así les quedamos debiendo tanto como Sociedad!


En la siguiente columna la segunda parte: La historia.

Votar o no votar el uno de junio