Cosas de Reyna

El proceso entrega – recepción de los Ayuntamientos



A pocos días de que tomen protesta legal los nuevos integrantes de los Ayuntamientos, sano es recordar que la Ley de Gobierno y Administración Municipal para el Estado de Sonora dedica todo un capítulo para reglamentar este evento de entrega legal, administrativa y material de todos los bienes, fondos y valores propiedad del Municipio así como toda la documentación ordenada, clasificada y certificada que se haya generado por la administración saliente. Esta actividad la inicia el ayuntamiento saliente con seis meses antes de finalizar el período, bajo la coordinación del Órgano de Control y Evaluación Gubernamental (Contraloría).

Una vez que el Ayuntamiento electo reciba la constancia de mayoría por el órgano electoral correspondiente y con un mes antes del inicio del nuevo período, se nombra una comisión mixta  con igual número de representantes (saliente y entrante) para dar marcha en forma conjunta a este proceso.

El Ayuntamiento entrante contará con treinta días naturales –a partir de la toma de protesta- para solicitar aclaraciones, complementación de información y/o documentos, en fin, de todos aquellos puntos donde hubiere duda, a quien haya ocupado anteriormente el cargo de servidor público y éste está obligado a comparecer ante el nuevo Ayuntamiento a rendir las cuentas que se le soliciten. En suma, el proceso de revisión no puede exceder de noventa días, tiempo suficiente para peticionar lo que fuera conveniente en torno al ejercicio de cada una de las dependencias. Ejercicio administrativo, financiero, de cumplimiento de metas y objetivos, entre otros.

La indicada ley es puntual en este capítulo y define varias cuestiones en torno a tan importante evento para que las cuentas sean claras, transparentes y reales. Nada de pretextar después que no se entregó o no se sabe o no se conoce. Quien más interesado debe de estar en la correcta recepción es el Ayuntamiento entrante porque a partir de las cuentas que le sean entregadas es como va a rendir las suyas ante la Sociedad que lo eligió. Argumentar después lo contrario, no representa validez alguna y en todo caso, ocultar o proteger cuestiones anómalas les hace incurrir en faltas a la luz de la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos. A los unos y a los otros.

Una modalidad interesante sería que el nuevo Ayuntamiento iniciara funciones en torno a lo efectivamente recibido y como tal, nos hiciera saber a la Comunidad bajo qué grado de avance ejecutará labores en materia de seguridad pública, educación, cultura, deportes, salud, área rural, agua potable, alumbrado público y demás rubros de interés general. En suma, que nos indique cómo recibe y bajo qué condiciones de operatividad se encuentran las distintas dependencias. Explicación que es justa para nosotros recibir y que esperamos se materialice al dar a conocer tanto el dictamen como la aprobación que de él se haga en su momento.

Más allá del discurso en el acto protocolario de entrega y toma de protesta, más allá de la recepción en papel, es verificar el estado que guarda la Administración Municipal y derivar acciones que se plasmen en el próximo Plan de Desarrollo Municipal.  Sin duda resulta necesario y saludable políticamente que el proceso de entrega recepción sea transparente y público. Público Social, Comunitario, general.

De otra manera cabría la duda y el descontento al considerar que sólo fue intercambio de estafetas entre amigos más no de verdaderas responsabilidades de Servidores Públicos que se precien de serlo.





¡Que quede muy claro!


¡Qué quede muy claro! En Sonora ya no pagarán las casetas de cobro los vehículos que porten las placas del Estado. Guillermo Padrés Elías. Mayo del 2011.

Así lo afirmó contundentemente el Gobernador de nuestro Estado respecto a un compromiso que asumió gestionar como tal para los residentes del Sur del Estado en lo que concierne a las casetas conocidas como La Jaula, Fundición y Esperanza, en primer término. Pareciera que se le olvidó esta parte del territorio y seguimos pagando las casetas de Hermosillo y la de Trincheras, ésta última de forma sorpresiva y sin mayor trámite se elevó de $66.00 a $93.00. O sea de $186.00 ida y vuelta considerando que es tarifa de automovilista.

Lastimosamente no hemos escuchado ni visto ni leído declaración alguna  de los munícipes actuales ni los futuros. Tampoco de los Diputados electos o los que están por dejar el cargo. Como si dijeran a mí no me toca porque me voy y los otros, porque todavía no asumen sus funciones. Y no se trata aquí de partidos políticos ni preferencias en ese sentido. Se trata de asumir compromisos en cuestiones que lastiman tanto a la Sociedad como es el aspecto económico. Como es el abuso al imponer tarifas en forma arbitraria donde ni tan siquiera se justifica el alza y menos aún la concesionaria que  no ha cumplido obligaciones básicas como el construir áreas de descanso –estacionamiento, sanitarios, etc Vamos, ni siquiera existe el libramiento obligatorio!.

Quienes vivimos en esta región sabemos las condiciones económicas, de desarrollo, de seguridad, de desempleo etcétera por las que estamos pasando. La generación de empleos es escasa, la actividad económica a duras penas va saliendo. Numerosas personas se ven obligadas a trasladarse de un municipio a otro para realizar sus labores comerciales cotidianas y que con mucho, son su fuente principal de ingresos.

Como si fuera para prolongar la burla de la cual estamos siendo objeto, se está promoviendo la denominada tarjeta para residentes. No es la tarjeta ni las razones que gente bien intencionada pudiera tener respecto a éste trámite, pero ¿No acaso aceptarla es consentir el abuso? ¿Acaso el realizar este trámite borra la ignominia y la arbitrariedad? No, nunca. Peor aún: existe la posibilidad de que a la vuelta de unos cuantos meses se declare –por ese compromiso gubernamental que se menciona al inicio y que esperamos que se cumpla- el libre tránsito vehicular. O sea, habremos pagado doscientos pesos encima de todo.

Ante un Desarrollo Regional añorado, deseado, buscado y no logrado hasta el momento, se ve difícil que podamos despuntar con medidas como las que ahora se están tomando.

Si el Señor Gobernador, los diputados locales y munícipes tomaran acuerdos conjuntos, estaríamos ante la posibilidad de un futuro promisorio, con alternativas de tránsito comercial, productivo e industrial mejor y sólo por mencionar algunos de los rubros que por cierto, tanto alarde hicieron los candidatos en las recién pasadas elecciones. Estamos de acuerdo en que aún no toman protesta legal y por lo mismo declaraciones en ese sentido no es debido hacer. Pero lo anterior no los exime de una responsabilidad mayor aún: El de ser ciudadanos comprometidos. Y ahí si caben todas las declaraciones posibles. Nada de esto hemos visto ni escuchado.

Nuestra región merece por historia, por la reciedad de sus hombres y mujeres forjados a rayo de sol y tierra, por el temple que caracteriza a quienes viven aquí, un trato digno que permita a todos mejores oportunidades de crecimiento y no de obstáculos como pareciera.

Que la voz del desierto se escuche. No a los aumentos de casetas de cobro. No a la tarjeta de residentes. 





Universidad Social, Universidad de todos.




Hablar de las universidades y su inserción en la Sociedad pareciera tabú. En las pasadas contiendas electorales los candidatos guardaban silencio abruptamente. Algunos balbuceaban cualquier respuesta o de plano evadían el tema. Otros más pretendieron utilizar a los universitarios sólo para sus aviesos fines. O se pretendió hacer nacer en el seno de los estudiantes un movimiento político que fomentara la crítica, el señalamiento, el escarnio. Desconozco hasta qué punto haya movimientos estudiantiles verdaderamente auténticos y comprometidos con sus causas e ideales. Tengo serias dudas, pero el punto central de esta columna no es analizar este aspecto en particular sino la trascendencia de las universidades en la sociedad.

Hablemos sí, de las Universidades Públicas. De nuestra alma máter que tantos y tantos hijos universitarios ha brindado a la sociedad. Innumerables ejemplos de profesionistas que día con día en la trinchera de sus actividades demuestran –para beneficio colectivo- la procedencia de sus haberes académicos y éticos.

Pero aún nos falta mucho por hacer desde adentro. En principio, la Universidad debe ser copartícipe mayormente activa en diversos renglones. Uno de ellos es la investigación aplicada. Y en ese sentido nos referimos a que la investigación que los académicos realicen debe tener un impacto social mediato/inmediato sea a través de la difusión de resultados –conocimiento que no se difunde no es conocimiento- o bien participando en acciones de gobierno y con la iniciativa privada donde se manifieste con meridiana claridad el beneficio que implica. Investigación que se guarda en los estantes no es investigación, es tiempo y recursos lastimosamente perdidos. Investigación o ejecución de proyectos sociales aislados, sin engancharla a programas de gobierno o de la iniciativa privada para potenciar beneficios, es sencillamente caminar dando el mismo paso en el mismo lugar. Caminar no es sinónimo de avanzar.

Puntualicemos. La Universidad va más allá e implica nuestro deber de involucrarnos en las cuestiones sociales no para denostar, no para señalar con dedo flamígero creyendo que con esto ya se cumple la función. Tampoco se trata de atacar o proferir palabras altisonantes en contra de las autoridades sean estatales, locales o federales. No es así como se demuestra la calidad universitaria forjadora de caracteres, de profesionalismo, de ética y de principios ciudadanos. No. Los Universitarios estamos para ser proactivos en lo que estimemos que tenemos el deber cívico de participar y donde seamos invitados para hacerlo.

Por ejemplo, los gobiernos municipales presentan innumerables problemas sociales como son la pobreza, seguridad social, desarrollo urbano, finanzas municipales, salud, educación vial, aspectos culturales, sociales, deportivos. La carga es pesada, no se pueden generar empleos públicos a diestra y siniestra –él no se puede con énfasis por favor- ni el presupuesto es infinito. Es aquí donde la Universidad tiene la oportunidad de apoyar acciones de gobierno mediante la participación directa con conocimientos, con técnica, con aprendizaje capaz de incidir en los resultados esperados. Y nos referimos a maestros y alumnos. ¿De qué sirve formular crítica sea en el aula o cualquier otro espacio si no somos capaces de contribuir con propuestas viables?

Nuestra participación debe ser entendida como compromiso. Compromiso asumido con responsabilidad y ética. Responsabilidad concebida como ciudadanía cabal y ética conceptuada como el deber de trascender con base en principios y valores sustentados en la práctica cotidiana, no en el discurso o la simple palabra.

Ser agentes de cambio, con base en la innovación derivada del conocimiento, al margen de cuestiones partidistas o golpeteo innecesario, sin sentido, sin más razón que la visceral.

El Himno Universitario de la Universidad de Sonora, en una de sus estrofas dice:

“…. Del que trabaja es la virtud, del que trabaja es el honor

Brille tu luz, luz de verdad, por siempre así Universidad”

Y esa luz del conocimiento –a la que se refiere- debe iluminar para todos, sin distingos y con mucho compromiso Social.













De pataleos y patadas


Andrés Manuel López Obrador tiene derecho al pataleo post electoral. Tanto como lo tiene cualquier otro candidato perdedor en los pasados comicios. Se vale. Se vale porque cada cual tendrá sus propios argumentos que van desde compra de votos, acarreos, carruseles y otras prácticas de última generación que recién hemos conocido y otras más que recurrentemente aparecen en este tipo de jornadas.

Se vale que cada cual haga uso del derecho a la impugnación y a la protesta porque también se deben a sus simpatizantes. Nadie que se precie de ser buen líder cruza sus brazos y acepta sin remilgos los resultados. Es parte del proceso: indagar, verificar, comprobar y finalmente, aceptar. Aceptar el haber perdido es lo más difícil desde luego, porque se entra en una etapa donde el perdidoso se ve en la imperiosa necesidad de encabezar movimientos principalmente al interior de su partido político. Es como un boleto que se compra anticipadamente y se guarda para la ocasión no deseada pero que debe suceder en su caso: Ser verdadero líder al interior de su partido y dar lo mejor de sí para que al siguiente proceso se posea suficiente capital político que enriquezca a quienes en ese momento sean candidatos. El ideal es éste, sin duda. Jamás lo será el irse a esconder o meter a una cueva a rumiar la venganza.

Pero sucede que en las campañas políticas es donde se conoce a los verdaderos políticos, a los que actúan de buena fe, a los que buscan un interés muy específico, a los simpatizantes de hoy y de siempre, a los temporales o acomodaticios, a los trepadores, a las lacras, a los traidores, a los que generan conflictos y gustan desenredarlos para ungirse como grandes “componedores”. A los que ofrecen el alma a uno y el espíritu al contrario. Aparecen mecenas de la nada y líderes de papel con brillantitos. Hay de todo y en todos los partidos políticos.

Es ese análisis que aún nos debemos pero que difícilmente los partidos políticos asumen como realidad. Lo vociferan pero no actúan. Señalan, pero no sancionan. Y si agregamos que la memoria colectiva es flaca, pues peor aún. Por eso hay reciclaje indeseable.

Como sea, dos tareas fundamentales están en el aire actualmente, refiriéndonos específicamente a los Municipios: Una es que los Ayuntamientos, al ser órganos colegiados donde participan representantes (regidores) de diversos partidos además del étnico, se tiene la indiscutible y siempre valiosa oportunidad de realizar un trabajo verdaderamente en equipo, donde las ideas fluyan en pro del desarrollo y bienestar común. El Ayuntamiento no es ni debe convertirse en un foro para ir a destilar amarguras, frustraciones o deseos de carácter personal pasando por encima de las mayorías. Ya basta. Un instrumento que nos regirá durante tres años será el Plan Municipal de Desarrollo. Ojalá que desde ya los próximos Ayuntamientos lo estén confeccionando en razón del interés comunitario y con ejes temáticos fundamentales donde se brinde participación efectiva y real a sectores de la Sociedad que hace muchísimo tiempo están siendo desatendidos. Ya basta de copias y refritos de Planes de Desarrollo obsoletos, hechos al vapor, sin consistencia ni rumbo ni nada. Se requiere un Plan Municipal con metas y objetivos claros, con evaluaciones periódicas, que se ejerza con suma responsabilidad y conciencia.

La segunda tarea corresponde en nuestra opinión, a los partidos políticos quienes deberán asumir con suma conciencia una rigurosa autocrítica que compete a todos y cada uno de sus integrantes y militantes. Muchas preguntas en torno a su desempeño tendrán que formularse cada cual, incluso el partido que obtuvo mayoría. Habrá que retomar conceptos como militancia efectiva, simpatizantes, programas, proyectos, y sobre todo, definir de bien a bien qué o cuales perfiles de liderazgo se precisan.

No es pues al gusto de quien crea ser opción como debe de generarse una candidatura. No es a capricho o porque un buen día alguien consideró que él mismo reunía los requisitos o porque fulano de tal le dijo que sí. Sucede con frecuencia que nunca falta el o la que queriendo quedar bien, le fomente la idea a grado tal que termina creyéndose invaluable, imprescindible, único. Y las pruebas ahí están: Cambian su tono de voz y su comportamiento. No ven a los ojos directamente, sino a lontananza, como sabios en éxtasis.

Los resultados electorales que recién hemos obtenido, con todo y el pataleo que estamos viendo y viviendo, son el fiel reflejo de lo que somos como Sociedad y la forma en que pensamos que con mucho, resulta incongruente en los resultados particularmente tratándose de municipios. Pero la suerte está echada. Toca a nosotros exigir con firmeza a las próximas autoridades el cumplimiento de todo aquello con lo que nos bombardearon día y noche.

Ya lo dijo Felipe Calderón al conocer los resultados electorales: "No hay victoria permanente ni derrotas para siempre”

Tiene absoluta razón.

Muchedumbre vs Pueblo


Según la visión Aristotélica una de las tres formas específicas de degeneración de las formas puras de gobierno, es la oclocracia. Tal vez tendremos que retomar este concepto y lastimosamente familiarizarnos en su ejercicio.

Si bien la democracia es el gobierno del pueblo, en contraposición encontramos que oclocracia es el gobierno de la muchedumbre entendida como una masa de gente que a la hora de tomar decisiones en la vida política de las comunidades, su voluntad se encuentra de origen viciada, confusa, fuera de la realidad. En suma, carente de capacidad para tomar libremente y sin coacción de ninguna naturaleza, decisiones fundamentales para la vida en común. Polibio denominó oclocracia al fruto de la acción demagógica y la conceptuó como “el ejercicio de la tiranía por las mayorías incultas”.

La oclocracia es el peor de los sistemas políticos, el último estado de la degeneración del poder, de la degeneración de la democracia derivada de la desnaturalización de la voluntad general por cuanto que presenta vicios al responder a cuestiones meramente particulares –de unos cuantos- con manto engañoso presentado como voluntad de las mayorías. Nada nuevo.

Es la muchedumbre contra el pueblo. Pueblo conceptuado como un conjunto de ciudadanos cuya voluntad se genera en el razonamiento y la responsabilidad en el ejercicio de sus derechos ciudadanos.

Dados los resultados electorales que se dieron a lo largo y ancho del país: ¿Votó la muchedumbre o se manifestó el pueblo?

Desde el pasado 1 de julio hemos escuchado y leído un sinfín de quejas y señalamientos sobre la obtención de votos en múltiples modalidades y costos. Unos y otros –candidatos y partidos políticos- se señalan con índice flamígero y se gritan cantidades de votos comprados. Lo cierto es que vocifera  el que pierde y, de haber obtenido éste el triunfo, el otro gritaría voz en cuello lo mismo.  Las prácticas corruptas son las mismas y solo los actores cambian. Por eso es que tendremos que voltear a otra parte, al sector de los votantes.

Proliferan gobernantes vestidos de demócratas pero con corazón de oclócratas: falsos seres que ejercen el poder, que lo manipulan y presentan propagandísticamente una imagen a modo para que la muchedumbre se manifieste a su favor. No se dirigen al pueblo porque el pueblo es pensante. Por eso el discurso barato, superfluo, sensiblero, sin fondo, retórico, cursi, lagrimero.

Pero en el triunfo dudoso, en la victoria forzada está la derrota misma: Esos gobernantes saben que convencer verdaderamente no es fácil, que se requiere inteligencia. Llegan a la muchedumbre pero no al pueblo. A este ser latente que piensa, opina y ejerce su derecho a opinar y lo hace. Que vota razonadamente. Es el ejercicio de una voluntad con conciencia, con sentido común y no bajo el artilugio del plato de comida o de los pesos que luego pesan.

¿Tendremos un gobierno digno de una muchedumbre o de un pueblo?

Como siempre, el tiempo lo dirá. Sólo que como siempre, será demasiado tarde para corregir. El momento lo fue al cruzar la boleta electoral y ese ya pasó.

La historia se repitirá la cantidad de veces que se imponga la muchedumbre sobre el Pueblo.
No hay truco.




Photoshop político


¡Y sobrevivimos las campañas electorales! Ya escuchamos, presenciamos y padecimos discursos, declaraciones y arrebatos de todos los candidatos a diversos puestos de elección popular. Nos armamos de paciencia y vimos como vertiginosamente avanzaba la contaminación visual: pendones, espectaculares y demás linduras producto de la mercadotecnia política, de los dineros gastados en exceso; Rostros con sonrisas falsas, francas o grotescas. Las percepciones varían. Miradas tiernas, perdidas en lontananza, como queriendo convencer.

Aprendimos que el photoshop fue la medida que sin piedad utilizaron los candidatos. Muchos quedaron francamente irreconocibles. ¿Será eso el preludio de su desempeño? ¿Será un anticipo velado donde el discurso es uno y el ejercicio del deber otro lastimosamente distinto? Francamente algun@s cayeron en el exceso por no decir ridículo.

En los últimos meses el copete de Peña, las canas de López Obrador, los lentes de Quadri y sus rizos rebeldes así como la melodramática Josefina fue lo último que vieron cada noche mis ojos antes de dormir. Jamás les perdonaré eso. Que les valga que sea demócrata convencida pero -aclaro- no zombi-votante. Ejerceré sin duda mi derecho al voto y cruzaré el emblema escogido con mucho tiempo de anticipación.

En ese sagrado momento: ¿Sentiré acaso el sabor de la incertidumbre? ¿Estaré votando adecuadamente? ¿No me habrán hecho algún artilugio mental de esos del subconsciente donde te programan para que votes por tal o cual partido? Como sea, no aceptaré ir a desayunos gratis el día de la votación ni me acercaré a ninguna casa amiga, centro de reunión o como se llame. No correré el riesgo de que me sometan a un sopor colectivo para después ir en fila cual zombi a la casilla previamente instalada desde las ocho, donde seguramente los funcionarios electorales ni se percatarán de mi estado catatónico, envueltos como estarán en sus tareas encomendadas por el IFE.

El síndrome de persecución electoral lo traemos latente de mil maneras. El punto es hasta qué grado vamos a permitir que sea una persecución consentida (me sigues y me dejo seguir, me ofreces y acepto lo que sea) y hasta qué punto se traducirá en acudir a cruzar la boleta no por cansancio del bombardeo electoral o de la tal persecución que permitimos de muchas maneras, sino convencidos verdaderamente que votamos por quien haya presentado un verdadero plan de trabajo con objetivos, metas y estrategias de corto, mediano y largo plazo. En suma, que tenga rumbo y sentido el desarrollo social que proponga y que no sea en todo caso, sólo un puñado de hojas con ideas aisladas y abstractas, sin ejes ni concordancia, todo envuelto con hermosa y engañosa portada con el veleidoso nombre de Plan de Desarrollo.  Nuestra elección debe ser razonada.

Abraham Lincoln afirmó que se puede engañar a todos poco tiempo, a algunos todo el tiempo, pero no a todos todo el tiempo. ¡Enorme compromiso para quienes sean electos este próximo 1 de julio! 

Ya los candidatos nos expusieron lo que traen consigo para ejercer el gobierno de la manera que tanto ansiamos.   Que no se nos olvide ni uno solo de sus compromisos. Que ninguna palabra haya sido dicha al viento o sin respaldo suficiente para cumplirla.

Toca ahora a nosotros los ciudadanos acudir a votar libre y responsablemente por los candidatos (as) de nuestra preferencia. No porque sea mujer, hombre, guapo o fea. Alto ni chaparro. Blanco o moreno. No votemos por sonrisas ni pendones… porque entonces corremos el riesgo de que el único triunfador sea… el photoshop.



Redes Sociales y el 2011 ... ¿O al revés?



Como hice durante todo el año, este último sábado de diciembre no fue la excepción: Me levanté directo a la cafetera. Esta cafetera antigua, de las de antes, de las de filtro de tela (mis abuelas le decían talega… y yo respetuosa de esa jerga, no hago más que acatar) que dan un sabor distinto al café y que aromatizan los sentidos. La modesta cafetera que adorna mi cocina y que Eli –mi hija- miró con aire de escepticismo cuando finalmente la adquirí. Estoy segura que creyó que era otra de mis excentricidades y que pronto la cambiaría por algún moderno y elegante artefacto. Pero no. La cafetera ahí sigue y cada vez se adueña más de su espacio. Ya no sé que disfruto más: si preparar el café o el ritual de hacerlo.



Como cada vez, sirvo café y me instalo cómodamente con mi laptop a leer prensa. Por alguna razón hoy no leo en la forma que lo hago normalmente. Hoy mi mente divaga como queriendo atrapar la cantidad de sucesos que acompañaron mi vida este año. Es natural y predecible -casi- el que la mayor cantidad de personas entremos en algo así como lo que denomino el síndrome de fin de año.



Reflexionar y tomar café son dos actos en uno solo. Los cafeceros lo sabemos. Regreso y sirvo más. Con ironía pienso que debí haber hecho la cafetera completa. Como quiera –me dije- doce meses no se pueden resumir en dos tazas. Pero dos tazas bien servidas hacen la diferencia.


Estando como estoy en este momento pegada a mi computadora, no puedo dejar de pensar en el enorme impacto que las redes sociales han provocado en todos los sectores. Por ejemplo, Facebook se ha convertido en un espacio donde se tiene la oportunidad de interactuar como tal vez no pueda suceder en la vida real. Cada día se convirtió en toda una experiencia: nuevas amistades, amigos que postean algún mensaje según su situación emocional, familia que estrecha sus contactos. Aprender a conocer y comprender a los que ya se tienen o de plano dar de baja a alguno. Es la libertad de ser y de escoger.



Habrá a quienes parecerá superfluo lo anterior pero no es así.



Espacios se llenan con comentarios de apoyo para quienes pasan algún momento difícil. Aplausos y congratulaciones para los que viven nuevas experiencias o que nos comparten sus triunfos. Fotografías que nunca faltan como muestra de lo bien que estuvo la fiesta, el reencuentro, el evento familiar o lo que sea. Música con dedicatoria o simplemente para hacer saber al mundo el estado de ánimo. Frases dirigidas como dardos mortales a algún anónimo destinatario. Palabras nacidas para pedir perdón o para decir nunca vuelvas. Estados que cambian de fulano de tal tiene una relación con zutana de tal, a otros que simplemente dice soltero. O lo contrario. Eventos que a diario suceden en la vida cotidiana. Como si fuera la pizarra de la vida personal y colectiva.



Arranques de locura manifestados en una frase que luego borramos. Locuras que se desbordan en canciones o en palabras o en silencios.



Pero no todo es auténtico: Candidatos y pre candidatos a cargos de elección popular han estado utilizando las redes sociales para según ellos, penetrar en un potencial y apetitoso mercado. Y no andan errados: Una gran parte del éxito de Barack Obama durante su campaña por la Presidencia fue precisamente su incursión en las redes sociales. La pequeña gran diferencia es que eran los cibernautas quienes deseaban hacer contacto debido a que antes Obama había expuesto de diversas maneras su plan de trabajo, su visión de país anhelado. Es decir, trabajó al lado de cientos de personas que voluntariamente generaban ideas construyendo y siendo parte de un proyecto del cual estaban convencidos. Gente que creyó primero en un proyecto y después se sumó a él. En comunidades como la nuestra y en México en general, los políticos primero quieren adherentes y después, si acaso lo recuerdan, el plan que nunca sabemos cuál es pero que así le llaman.



Que más hacen nuestros políticos en las redes sociales? Postear frases que ni siquiera son de su autoría (lo que nos daría oportunidad de conocer su pensamiento) y etiquetan hasta el infinito fotografías donde demuestran su gran calidad humana de temporal por cierto (electoral). No caigamos en la trampa del pensamiento fácil y ligero. La sociedad requiere verdaderos proyectos de trabajo nacidos en el consenso de las mayorías, de las cuales, las más necesitadas no tienen acceso a internet.



Total que a los pre y candidatos (as) mexicanos actuales, con alguna que otra excepción, pareciera que las redes sociales les representa una gran manta o espectacular alusivo a su imagen. Un no me gusta es borrado de inmediato y un comentario positivo deriva en una larga respuesta cansina del aludido.


Ojalá que revolucionen sus mentes. Que se atrevan a dar el gran paso. Los cibernautas estamos esperando conocer e interactuar –verdaderamente interactuar- con quienes pretenden dirigirnos. Ojalá que se atrevan a ir mas allá de las frasecitas sentimentaloides o las que pretenden hacer ver a una persona light, buena onda y popular. O la que muestra una crítica mordaz sin proponer nada. Ya lo hicieron en 2011 y los aguantamos. Que superen la etapa y que el próximo año sea entonces el de demostrar el contenido de lo que traen, el verdadero sentido de lo que es ser político y no politiquero.

P.D. Con el corazón: ¡Gracias Facebook!

Ser o no ser la Señora de la Casa


Quise iniciar esta columna con la frase: “Corren tiempos difíciles para los pre candidatos...” al instante me detuve. Viéndola bien no es así, es al contrario: Corren tiempos difíciles para el electorado, para las y los mexicanos. En efecto. Los pre candidatos son un puñado de personas que aspiran a gobernar y desde ahí –sea presidencia de la república, gobernadores, diputaciones, senadurías, presidencias municipales y regidurías- dictar las políticas que a su parecer son las idóneas para el bienestar común, término manoseado hasta el infinito pero de alcances reales muy limitados.



Si bien representan –se supone- las mejores cartas de cada partido político, lo cierto es que al final del día quien ostenta el poder es una persona y como tal actuará en el desempeño de sus funciones. Se entiende que cuentan con un bagaje de conocimientos, valores, competencia y capacidad puestos al servicio de las comunidades y la nación misma. Y eso es lo que preocupa.



Veamos. Se ha hecho un escándalo nacional con la frase mal dicha de Peña Nieto: No soy la señora de la casa. A partir de ahí se viene una andanada de críticas y/o justificaciones en torno a lo que dijo o quiso decir el señor. Josefina Vázquez Mota, en su cortedad política, pretendió hacer de esa dichosa frase un rebozo a la medida para proclamar que ella sí era la señora de la casa. Craso error: Por una parte cayó en su propia trampa al no atinar –tampoco- a responder preguntas similares a las que se hicieron a Peña Nieto y por la otra, resultó ser ofensiva para quienes sí lo son. Es por demás evidente que esta persona hace años luz que no se ocupa de cuestiones domésticas, lo cual, dicho sea de paso es una de las tareas más nobles que la mujer pueda desempeñar. Lo siento por mis amigas feministas. Acotando: es uno de los roles que nos dan identidad en cuanto a integración familiar. ¿Cómo entonces desdeñar tan importante cargo? Imposible, tanto como aberrante es el pretender arroparse con sacos malformados.



Pero entonces nos envuelven con cortinas de humo como la que arriba se menciona. Y nos bombardearán con cuarenta y tres millones de spots en los próximos meses. Es patético observar como los destrozos políticos -o que pretenden serlo- están a la orden del día. Una palabra mal dicha, una pose mal actuada, una mirada errada, se tornan elementos suficientes para denostar al enemigo. Sea o no sea de casa, del mismo partido político. No hay cuartel.



De repente todos, sin excepción todos los precandidatos son altruistas, de corazones bondadosos, con proyectos comunitarios de última generación. Nos invaden a través de las redes sociales con evidencias fotográficas sensibles: con los más humildes, con los más necesitados, con niños hambrientos y greñuditos, mostrando una lacerante pobreza como gritando esto es lo que voy resolver, aquí es donde estaré. Si hiciéramos un seguimiento fotográfico a diez o quince años, a cómo vamos, seguramente esos infantes serán los adultos a quienes los mismos candidatos pero con otras caras, irán a entregarle cobijas para el crudo invierno y despensas para que sobrevivan. Es el precio de la foto y lo saben. Es la historia que se repite cada tres o seis años.

Faltan proyectos y sobran buenas voluntades. Falta una verdadera sensibilidad social y abundan frases ridículas pronunciadas con voces entrecortadas para llegar al corazón del electorado. Todo obedece a un plan mañosamente estructurado. Porque para eso sí son listos. Si no naturalitos, se contratan agencias, ¡faltaba más!



El problema es que todos los (pre) candidatos afirman y están convencidos que ellos portan los mejores propósitos y pulidas soluciones ¿Pero cuáles? Afirmar cien o mil veces que se cuentan con los cerebros más expertos o los más capacitados, no es demostrar que se sabe la forma y el cómo. Ni siquiera alcanzan a atisbar la relevancia. Están absortos en ganar la carrera por la candidatura, en ser el señalado. Ahí después verán cómo hacerle. El problema es que ese después nunca llega. Se embelesan con los triunfos electorales como si éste fuera un reconocimiento a su alta calidad humana y diploma con rúbrica social donde se les asume como el líder. Se inyectan elevadas dosis de ego. Es una adicción: Por eso andan luego saltando de un puesto público/electoral a otro y a otro. La droga se llama ejercicio del poder y del presupuesto.



Así que parodeando a Hamlet, eso de ser o no ser la señora de la casa no es precisamente lo relevante. No en este plano político donde se debe construir más que destruir. Donde los ciudadanos estamos carentes de líderes auténticos que vayan más allá de insulsas frases que ni juntas ni separadas forman proyectos. Tampoco es hacer una lista de problemas sociales para al final llamarle a eso plan de trabajo. No.



La simulación campea y si la ceguera política ha alcanzado a los (pre) candidatos, seamos nosotros, el electorado, quienes asumamos una conducta crítica positiva y propositiva para al final -que en realidad es el principio- al marcar la boleta electoral, estemos brindado nuestro apoyo a los mejores previo análisis que hagamos de cada cual considerando su plan de trabajo sustentado en realidades, en hechos y en problemática a atender. Votar por quien trace rumbos en forma conjunta con la comunidad, por quien se comprometa a evaluar periódicamente su plan de trabajo con base a resultados tangibles. Y por quien asuma que ser líder no es una etiqueta de lujo, sino que se gana y se mantiene con trabajo y responsabilidad.



Por eso insisto en que veamos más allá de la foto y de los rostros de políticos maquillados a modo. Burdos y rancios afeites de políticos hechos al vapor o por calenturas de paso. Ya basta.







Municipios de éxito


En relación a la columna anterior, donde formulé algunas consideraciones en torno al desarrollo municipal, se hizo el compromiso de presentar algunas propuestas. Debo indicar que el tema da para mucha tinta.

Queda claro que la crítica –de cualquier índole, siempre que sea respetuosa- debe ir aparejada por propuestas firmes, viables, pero sobre todo reales. De nada sirve hablar y tirar manotazos al aire. Es esta una vana empresa digna de oprobio y rechazo.

El asunto es que me di a la tarea de buscar en la red planes y programas de municipios exitosos. De hecho leí bastante. Nacional e internacionalmente. De alguna manera supuse que buscar nuevas lecturas sobre desarrollo municipal habría de ser suficiente para encontrar o descubrir las razones y causas por las cuales habían alcanzado en otros lugares, el éxito comunitario, el municipal o delegacional como también es conocido en otros países.

Localicé municipios ciertamente exitosos y no lo fue gracias a que se atuvieron plenamente a los recursos federales y estatales. Encontré municipios que decidieron ser exitosos gracias a ellos mismos y no a la dependencia subordinada política y económica.


Así que haciendo honor a mi género, los porqués me agobiaron y actuaron como acicate para encontrar respuestas. Quien esto escribe sufre y padece a su propia persona. Dicho en forma coloquial, me padezco a mí misma, lo cual no es tarea fácil. Las mujeres me entenderán.


El tema venía a mi mente una y otra vez, sin darme cuenta que tenía la respuesta frente a mis ojos y de cara a la realidad.


No localicé ninguna administración de municipio, comarca o delegación exitosa en sus quehaceres públicos que no hubiera actuado conforme a un verdadero compromiso social, con actitud proactiva en los quehaceres públicos. Con enfoque y con visión.


Me encontré con que los grupos o partidos políticos asentados en aquellos lugares limitan su actuación electoral al proceso mismo y que pasados éstos, se unen como comunidad para tomar o retomar actividades que incidan directa o indirectamente en los habitantes y vecinos de las localidades.


No hablo de municipios fuera de este mundo. No son ajenos a problemas y carencias. Hablo de lugares donde sus pobladores no ven como botín político y económico las arcas públicas. Constituyen sí, espacios donde el reto se traduce en alcanzar espacios de mejor y mayor beneficio para todos. Porque tienen claro el interés común y la trascendencia histórica donde son actores.


Pero también vi otra realidad: La de municipios cuyas administraciones han fracasado como tales. Donde el liderazgo no se asume y donde la palabra desarrollo solo la encuentran en el papel y el discurso.

Estos municipios fracasados tienen algunas características que conviene resaltar:


1. Cuentan con Autoridades locales que son en los hechos, presidentes de su propio partido.
2. Presencia de servidores con amplio desconocimiento de la función pública.
3. No se respeta el servicio civil de carrera. Es decir, que los más preparados continúen en cargos donde apliquen sus habilidades.
4. Se contrata personal que resulta ser familiar, amigos, compadres, hijos, del Presidente, del Síndico, de los Regidores, etcétera. Los perfiles profesionales no cuentan. Se duplican o triplican funciones –y por ende sueldos-.
5. De ahí que se presenta un crecimiento desmedido del aparato administrativo: más personal, más oficinas, más gasto, etcétera. A muchos de ellos los dejan como herencia para la siguiente administración.
6. Un Cabildo que no opina, ni sugiere, ni se compromete con las causas sociales o de plano, que ni siquiera se opone cuando así debe hacerlo.
7. Poseen una comunicación social altamente unilateral. Solo la autoridad “comunica” pero no escucha.
8. Carencia o nula evaluación de los programas, obras, actividades de las distintas instancias que conforman el aparato gubernamental. La fórmula costo-beneficio sigue estando ausente.
9. Funcionarios que buscan desde ya (o sea, desde el primer momento en que asumen sus empleos), cual puesto siguiente pretenderán. El 100% de desempeño nunca se logra porque tienen sus ojos en lo siguiente para ellos mismos.
10. Gravitan los asesores de todo y hacedores de nada.
11. Distanciamiento respecto a los sectores que sostienen la economía del municipio, sea en materia de agricultura, ganadería, turismo, servicios.
12. Una gestión pública mediocre o de escasos resultados del Alcalde. Viajes, reuniones de trabajo, comisiones y cualquier otra variante que solo implica pérdida de tiempo sin derivaciones tangibles.
13. Carencia de políticas públicas municipales en rubros como seguridad pública, educación, agua potable, etcétera.
14. Una sociedad civil que poco o nada participa. Dejar hacer, dejar pasar.
15. Sin que se agote en este punto la lista de los porqués fracasan las administraciones municipales, como se aseveró en la columna anterior, los planes estratégicos de desarrollo no existen y si están, no se encuentran orientados hacia una mística de servicio.


¿Qué hace entonces a un municipio y su administración local exitoso? La respuesta es por demás clara. Cada parte, sociedad y gobierno tendríamos que replantearnos nuestro rol y compromiso. El punto es dar el primer paso.

p.d. El orden de los puntos anteriores no altera el resultado.

Y Caborca se cubrió de gloria... ¿Hasta cuándo?


Se imagina Usted Caborca a la vuelta de –digamos-, quince años?



Echemos a volar un poco la imaginación: Los niños de ahora serán los adolescentes de aquel momento y los de hoy serán ciudadanos incorporados –tal vez- al mercado laboral. De seguro habrá más población adulta y de la tercera edad. Tendremos las mismas calles pavimentadas, recarpeteadas una y otra vez con materiales baratos. Eventos del 6 de abril con luces y parafernalia. Desfiles cívicos donde se eche la casa por la ventana para quedar cíclicamente condicionados a lo mismo. Plazas y parques subutilizados porque no contamos con proyectos culturales de fondo que permitan a la población cultivarse más allá de lo que se ha hecho hasta ahora en forma aislada, con mucho esfuerzo pero con poca planeación sostenida.



Cinco trienios y dos sexenios y cachito. ¿Resistiremos cinco campañas políticas locales más donde los ataques entre unos y otros sean los mismos y donde solo cambien los nombres de los actores? ¿Hasta qué punto seremos pasivos y contemplativos del hacer y quehacer municipal? Cada vez escuchando las mismas promesas y demandando lo mismo. Pensando en el eterno “ahora sí”.


Caborca tiene el compromiso histórico de trascender y la obligación de hacerlo de la mejor manera posible. Pero eso no sucederá en tanto continuemos en este cansino andar donde la tónica es descalificar al que hace y, los que no hacen, simular que sí. Quince o treinta años seguirán siendo uno solo repetido quince o treinta veces en tanto no tengamos un proyecto de vida municipal y me atrevo a asegurar, regional.


¿Dónde quedó la otrora orgullosa Perla del Desierto? En buenas intenciones, malas, peores y mediocres decisiones. Asfixiada por los intereses individuales y de grupo pero nunca por los de la Comunidad misma. Interpretando los conceptos de cambio y desarrollo según quien ostente el poder… cada tres años. O sea que aunque fueran bien aplicados, poco nos duraría el gusto y los resultados, ralos.


El asunto es que nos hemos convertido –como en la mayoría de las poblaciones de México- en rehenes de partidos políticos que han perdido o carecen de la capacidad de ser gobierno. Lo peor es que existen localidades que subyugan a sus captores (síndrome de Estocolmo) y, neciamente o por comodidad, ni siquiera se alcanza a percibir el grave riesgo que esto representa: Sociedades cada vez más atrasadas y vulnerables en todos los aspectos.


¿Qué hacer ante tan terrible panorama?


¿Qué le parece a Usted que tuviéramos como municipio , un plan de desarrollo a –digamos- quince años? ¿Qué tal sería que todos, indistintamente de partidos políticos pudiéramos contribuir a elaborar este documento donde se planteara el desarrollo en cada uno de los rubros que nos atañen como comunidad: seguridad púbica, educación, industria, desarrollo sustentable, comercio, turismo, etcétera, con evaluaciones periódicas? ¿Que tal si todos tuvieramos la posibilidad de constatar y no solamente ser informados de los supuestos avances?


¿Qué le parecería que todos los sectores a nivel municipal (social, productivo, de servicios, industrial, agrícola, comercial, ganadero, educativo, etc.) nombraran representantes de entre sus integrantes –los hay brillantes y no necesariamente a partir de un grado académico- para que bajo el manto del interés púbico y el rescate necesarísimo del presente se formulara un plan, verdadero plan de desarrollo con visión de futuro?


¿Porqué no aprovechar el potencial, experiencia y capacidad con que cuentan para que coadyuven en un plan de esta naturaleza?


Algunos opinarán que sí se genera esa participación. Pero no me refiero a la participación burocrática de cada tres años.. Demostrado está que los ciudadanos y habitantes en general desconocemos el plan estratégico muncipal y de desarrollo en sus ejes temáticos fundamentales y sus variantes. Por una parte porque no se nos consideró –real y objetivamente- en su elaboración y por la otra porque escasísimamente se difunden los planes de desarrollo locales. Es más, ni siquiera quienes tienen la tarea de gobernar cuentan con indicadores –bien construidos- que demuestren el grado de avance.


El primer paso será actuar con madurez y responsabilidad ciudadana. No a través de partidos políticos, no mediante candidaturas de cualquier índole. Desprendidos genuinamente de ese interés político que en su lado más obscuro tanto daño nos ha ocasionado como comunidad.
O nos unimos como sociedad para lograr objetivos claros y firmes que nos permitan saber donde estamos y hacia donde vamos, o seguimos siendo rehenes de pseudo ideologías que cada trienio aparecen como ventas de banqueta.


La próxima semana le presentaré, si me permite, algunas ideas en torno al presente tema.

Quehacer universitario


Jamás acepté que la práctica educativa debería limitarse solo a la lectura de la palabra y del texto. Mas bien debería incluir la lectura del contexo, la lectua del mundo. Pablo Freire. Educador y Teórico Brasileño.


¿Hasta qué punto las universidades deben contribuir al cambio social? ¿Hasta qué grado debe tener y sostener su compromiso público? ¿Es la Universidad un espacio real de transformación y de creación de conciencias individuales y colectivas cuyos egresados a la postre se insertarán en un tejido social que si bien es cierto ha tenido significativos avances, también presenta fibras muy lastimadas y por ende sensibles?


La naturaleza y fin de las universidades es ser un espacio dedicado a la enseñanza superior, centro de cultura donde convergen todas las tendencias de pensamiento, ideologías y de partidos políticos. Es el lugar para la formación de una masa crítica de personas cualificadas y con conocimiento. Es el espacio donde día a día se forman cientos y miles de estudiantes que el día de mañana estarán ocupando cargos públicos. Ahí donde se gestan las políticas públicas y de gobierno.



Así que, sí, las Universidades no pueden permanecer al margen de la Sociedad como élite privilegiada, ausente/carente de sensibilidad hacia su comunidad. Tampoco debe ser una universidad cerrada u otra demagoga. Al contrario, debe ser una entidad que genere compromisos reales y efectivos. El asunto es mantener un dialogo eficaz y productivo con el entorno cualquiera que este sea. Es el reto a asumir, pues no se pueden realizar acciones al margen de otros actores sociales como es el propio gobierno, iniciativa privada, organizaciones civiles, etcétera. Esto va más allá del servicio social y las prácticas profesionales de los estudiantes, que bien es sabido constituyen un puente de interacción que mucho facilita la inserción de los próximos profesionistas al mercado laboral.



Las universidades están obligadas a mucho más. A sostener un liderazgo académico que permita aportar ideas, opiniones, participación de sus integrantes en proyectos y programas donde se aplique ese potencial intelectual que se manifiesta en las aulas. Hoy más que nunca se requiere que las universidades asuman un papel protagónico en la vida pública. Protagonismo responsable, decidido al hacer y al quehacer social, sin perder el carácter de academia. Cada uno desde el rol que tiene: alumno, maestro, investigador, directivo. Es pues, un proyecto conjunto que se integra con las capacidades de cada cual.



Actuar a medias o con escaso compromiso termina siendo vana empresa.

Votar o no votar el uno de junio