Cosas de Reyna

La mujer más valiente de México




Aunque anticipé que este mes de octubre lo dedicaría a mitos y leyendas mexicanas, lo cierto es que no puedo dejar pasar desapercibido un hecho que ha tenido relevancia a nivel nacional e internacional: El nombramiento de Marisol Valles García como jefe de la Policía Municipal de Praxedis G. Guerrero en Chihuahua Chih., muy cerca de Cd. Juárez, la plaza más violenta de México.

La joven de tan solo 20 años ha asumido el cargo en un estado –como muchos otros del país- donde el peligro acecha a cada paso. La he observado concediendo entrevistas y el temple que tiene es de admirarse: Invita a unos y a otros a sumarse al proyecto de trabajo que encabeza, les plantea sus ideas y con contundencia afirma que las cosas si pueden cambiar mediante distintas acciones sociales y comunitarias en tanto haya fomento a los valores.

Ver lo que esta joven hace y dice convencida, es un vivo ejemplo de que no todo está perdido. Marisol ha sido llamada la mujer más valiente de México y afirma que ese miedo social que existe se debe cambiar por seguridad. Pero no solamente declara, sino que también actúa a la medida de sus posibilidades y con el apoyo que está recibiendo. El deseo de servir a su comunidad es claro.

La fama la ha arropado: Aparece en todos los medios de comunicación e incluso en Wikipedia donde se anota que es estudiante de Criminología destacando que fue la única que aceptó el puesto en una de las zonas más peligrosas del país. Admiro el valor y arrojo de la joven pero me inquietan algunas cuestiones relacionadas con las Autoridades y el famoso Estado de Derecho que tanto se pregona: ¿Donde están quedando los "cuadros" de egresados de Academias e Institutos de Policia? ¿Donde la profesionalización de la carrera? ¿Donde pues el personal capacitado para ocupar estos cargos? Se evidencia una vez mas la falta de planeacion y estrategia conjunta de la federación-estados-municipios en este rubro tan lastimado como es la seguridad pública.

Tengo muchas dudas de que ese cargo sea donde deba estar Marisol. No sé hasta qué grado haya sido un acto de irresponsabilidad del Presidente Municipal y del Ayuntamiento. Desconozco hasta que punto esté ella consciente del peligro que implica y ni pensar quiero en lo que sus padres –sobre todo su mamá- estarán pasando.

Lo cierto es que este ejemplo ha sido una buena sacudida a la conciencia colectiva, la que a veces pareciera que duerme o que dormita con los discursos llenos de retórica de los políticos y/o gobernantes, en tanto la delincuencia sigue abriéndose paso.

Mitos y leyendas I


Si en algo destacamos los mexicanos respecto a la cultura, es en los mitos y leyendas. De todos tipos y cortes. En política –por ejemplo- existen una enormidad de hechos y circunstancias dignos de mencionarse. Mucho habría que decir de la Maliche, a la cual –por cierto- poca justicia se le ha hecho. Etiquetada y señalada como la favorita de Hernán Cortés, se le ha privado de su verdadero rol en el devenir histórico. Pero esa será otra historia.

Las leyendas son una muestra del enorme bagaje cultural que poseemos los mexicanos y que, pese a las nuevas tecnologías de la información, globalización y modernidad, debemos conservar, difundir y contribuir a no perder lo que nos une como mexicanos. No es el asunto considerar –como algunos señalan- que los mitos fueron hechos para contribuir a la ignorancia de la gente. De ninguna manera. Menos cuando se trata en todo caso de preservar la identidad, basada en muchas tradiciones populares que nos permiten crear un arraigo cultural.

En columna anterior –a la que titulé Octubre- hice referencia a una hermosa leyenda sobre el Sol y la Luna. Esta historia tiene un sentido muy especial, tanto como otras a las cuales deseo hacer referencia ahora:

Leyenda de los Volcanes
Es la historia de un apuesto guerrero y una hermosa doncella que murió de amor. Sucede que el joven fue puesto a prueba por el padre de la mujer llamada Iztaccihualt enviándolo a combatir en guerra para obtener así el visto bueno para contraer nupcias. Pasaron varios meses sin noticias del guerrero hasta que un día recibe ella un mensaje en el que le anuncian la muerte del amado.

La joven languideció de tristeza y se entregó al llanto: La vida se le escapó por las lágrimas y muere. Pero el guerrero regresa: La doncella había sido engañada para hacerla desistir del propósito de desposarse con el guerrero. Él, al enterarse del trágico destino de su amada, toma su cuerpo inerte y escala a lo alto de un cerro donde le da sepultura, permaneciendo junto a ella arrodillado, muriendo poco a poco dando gritos de coraje y desesperación, tanto así que hicieron eco por todo el Anáhuac.

Los Dioses advirtieron la tragedia y, llenos de compasión, los cubrieron con un manto de ramas y nieve pasando ambos a ser montañas: Una de ellas con silueta de mujer dormida y la otra como un hombre arrodillado.

Así nacieron el Popocatépetl y el Iztaccihualt: El Volcán y L a Mujer Dormida. O “Don Goyo” y “La mujer blanca”

Leyenda del maíz
Quetzalcóatl representa en sí mismo un bagaje cultural inagotable.
Los aztecas –antes de la llegada de Quetzalcóatl- tenían por dieta raíces y animales producto de la caza. Desconocían lo que era el maíz, pues éste permanecía lejos de su vista y de sus posibilidades. Las montañas eran tan grandes e inaccesibles que obtener el ansiado alimento era solo un sueño. Así que acudieron con Quetzalcóatl, quien, queriendo ayudar a su pueblo, les prometió conseguirlo.

El poderoso Dios se transformó en una enorme hormiga. Cruzó el camino lleno de dificultades superando obstáculos inenarrables. Su único pensamiento era satisfacer las necesidades del pueblo que había acudido ante él a solicitarle apoyo.

Llegó a los maizales y, como era una hormiga, tomó un grano maduro entre sus mandíbulas y regresó con el valioso tesoro, entregándoselo al pueblo.

Quetzalcóatl, La Serpiente Emplumada, el Dios amigo de los hombres.

No puedo dejar de anotar la falta que hacen hoy en dia gente como Quetzalcóatl, no por su condición de Deidad, sino por su fortaleza y solidaridad con las necesidades de su pueblo.

Este mes de octubre lo seguiré dedicando a mitos y leyendas mexicanas.

Reflexiones



Toda relación es una relación de dar y recibir. El dar engendra el recibir, y el recibir engendra el dar. Deepak Chopra


Deepak Chopra es un médico y escritor hindú (1946) que particularmente destaca por sus libros espirituales y de autoayuda. Es autor de más de treinta y cinco libros entre ellos: Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo, Las siete leyes espirituales del éxito, Curación cuántica, Almas Gemelas, Buda, Jesús, etcétera. Es un éxito en librerías, pese a que muchos opinan que se trata solo de un charlatán más. Un “charlatán” –suponiendo que lo fuera- inteligente y exitoso pues sus obras se han vendido en más de 35 idiomas e imparte conferencias en todo el mundo.


Fundó y dirige actualmente el Centro Chopra para el Bienestar y el Instituto Médico Mente-cuerpo que se localizan en La Jolla CA, Estados Unidos.


En un mundo tan convulsionado, donde parece que el tiempo se nos escapa entre los dedos, donde privilegiamos el trabajo a la familia e incluso a uno mismo y donde damos por sentado que viviremos eternamente, leer algo de Chopra no cae nada mal. No es –aclaro- el tipo de autor barato que sus detractores pretenden hacer ver. Sí es -en cambio- una persona que sabe transmitir su pensamiento de tal forma que algo podemos hacer para aliviar o menguar dolores o pesares.


Chopra afirma que la raíz del poder curativo se encuentra en la mente. Que el éxito solo se logra a través del esfuerzo, la estrategia y la ambición. No la ambición mal conceptualizada que tenemos en México, sino la auténtica, la verdadera, la que implica ser una persona con objetivos y metas.


Refiere que hay una lucha sin cuartel entre el Poder de Tener y el Poder de Ser. El primero implica cuestiones materiales que por lo mismo se evaporan o se van. En el Poder de Ser se trasciende porque se refiere a la persona misma.


Todo esto viene a colación ya que este año salió a la luz su libro Reinventa tu Cuerpo, Resucita tu alma (Ed. Aguilar). El Líder Espiritual expone una interesante tesis en la que asegura que no nos sentimos plenos porque hemos excluido nuestros cuerpos defectuosos de la vía espiritual, caminando separados, ajenos entre sí, viviendo dos vidas distintas. Advierte que la plenitud se genera a partir de la combinación de cuerpo, mente y camino espiritual. La obra es interesante, prometedora, pero sobre todo aporta benéficos elementos para quien lo lee.


Indica que el tiempo es algo muy subjetivo y que en todo caso es una actitud donde debemos dejarnos fluir con la vida en el presente. Lo cual desde luego no es nada fácil. Tenemos por costumbre no vivir plenamente el presente buscando espacios mejores en el futuro como si tuvieramos póliza de garantía respecto a él.


Seguramente existen otras personas con las características de Chopra. No es el punto determinar aquí y ahora si es líder espiritual o un charlatán con buena formación que se aprovecha de la ingenuidad de sus seguidores. Lo importante es que cada uno de nosotros rescatemos lo que consideremos valioso para enriquecer nuestra propia vida, rectifiquemos rumbos y en consecuencia hacer más amable el convivir con los demás… y consigo mismo.



Octubre



Tal vez sea porque esta semana inicia el mes de octubre, el mes que más me gusta del año y junto con él las lunas que tanto disfruto también.

El caso es que recordé una de las leyendas del Sol y la Luna. De cuando se encontraron por primera vez y a partir de ese momento vivieron un gran amor. Pero resulta que como el mundo aun no era creado, cuando así sucedió Dios decidió que el Sol iluminara el día y la Luna la noche. Grande fue la tristeza de ambos porque ello significaba vivir separados. La Luna se tornó sombría, triste y solitaria y a pesar de que el Sol obtuvo título de “Astro Rey” ciertamente su tristeza era mayúscula. Le faltaba la otra mitad.

Dios quiso explicarles sus razones. Pero el amor de la Luna y el Sol era tan grande e infinito que no comprendieron tal decisión. El argumento fue que la Luna iluminaría las noches frías y calientes, sería mudo testigo de los enamorados y mensajera de aquellos que permanecieran a la distancia, como un receptor de los sentimientos de ambos o como guía o como confidente. A ella recurrirían con alegría, con lágrimas o con soledades acumuladas. Sería mudo testigo de venturas y desventuras. El Sol a su vez, tendría la encomienda de iluminar la faz de la tierra durante el día, cuyos primeros rayos de sol infundieran alegría y esperanza, tanto como al ocaso, con la esperanza de su regreso. Por eso se dice que amaneciendo las cosas se ven más claras, en referencia a los problemas que las personas tenemos.

La Luna –por su parte- lloró amargamente. Su tristeza no tenía medida por el terrible destino que le deparaba teniendo como cárcel la melancolía. El Sol –que era todo un caballero- no pudo resistir tanto dolor en su amada y, con voz pausada, pidió a Dios un solo deseo: Ayudar a la Luna pues temía que no soportara la soledad. Así, en su infinita bondad, Dios creó a las estrellas para hacerle compañía.

Por eso las estrellas titilan: Buscan la sonrisa de la Luna.

Ahora Sol y Luna viven separados eternamente. El Sol arde de pasión por la Luna. La Luna se cubrió con el manto blanco de la tristeza y soledad.

El hombre ha intentado conquistar a la Luna pero ella no se deja. La pasión quedó sepultada en el dolor de la separación.

Solo de vez en cuando sonríe. Y es cuando ambos, Sol y Luna comparten su intimidad a través del eclipse, que es el momento creado por Dios para que se unan de nuevo. Por eso se nos recomienda no ver. Tanto amor nos puede cegar.

Adelitas


Primer tiempo

Convivir con la tropa no era precisamente la esencia de las Adelitas, -figura emblemática de la Revolución Mexicana (1910)- pero el sentir popular está arraigado en ese aspecto. Tal vez han influido películas de antaño donde las caracterizaron como soldaderas pasadas de copas y desaliñadas. Vulgares pues. La verdad es otra.

Dicen que Adela Velarde Pérez (enfermera de Cd. Juárez Chih) fue quien inspiró el famoso corrido Adelita. Otros dicen que fue Altagracia Martínez, a la cual mi general Villa bautizó con aquel nombre. Algunos más la conocen como Marieta Martínez quien fue asesinada en el periodo de Pascual Orozco.

El caso es que con este nombre se identificó a las soldaderas que participaron en los contingentes militares de los grupos revolucionarios. Sus labores consistían en ser cocineras, enfermeras o ayudantes. Mujeres que igual preparaban los fusiles o remendaban ropa, hacían las veces de correo, enlace, telegrafista y combatiente. Mordiendo siempre el polvo. Eso sí, comprometida con la causa hasta la muerte. Me pregunto cuántas de estas mujeres ocultas en el anonimato que arropa la historia, habrán perdido la vida en medio de las refriegas y las balas. No existe estadística al respecto.

Cada año, miles si no millones de niñas en todo el país se visten como las célebres Adelitas que tanto aportaron a la revolución y a la causa. Faldas y blusas ligeras con cananas, pistolas y fusiles. Ahí es donde, tal vez sin ellas saberlo, rinden justo homenaje a aquellas mujeres de temple y de acero.

Popular entre la tropa era Adelita, la mujer que el sargento idolatraba, que además de ser valiente era bonita, que hasta el mismo coronel la respetaba. (Corrido Adelita)

Pues sí, a través del famoso corrido pasaron a la posteridad estas bravías mujeres que participaban en los regimientos de Pancho Villa, Emiliano Zapata o Madero. Mujeres de raza indígena o mestiza que vivieron a sangre y fuego; que fieles a sus hombres o a su Juan como se les nombraba a sus compañeros de ventura y desventura, los seguían a donde marcara el rumbo la revolución… y el corazón.

Segundo tiempo

Mientras escribo la primer parte de este post, mi mente se traslada a aquella época. No me imagino vestida de Adelita. Dudo mucho que sepa como portar cananas y menos un fusil. De seguro hubiera caído a la primer batalla y no por alguna bala que me atravesara de lado a lado, sino por los traspiés que diera con la falda larga mientras buscaba algún refugio y jalaba a uno, dos o sabrá Dios cuántos hijos. Tampoco me visualizo haciendo corretajes de entrega de correos secretos y menos aún remendando la ropa de algún soldado de la revolución. O cargando un chilpayate a mis espaldas, envuelto previamente en algún roído rebozo. De verdad que era ardua la vida de estas mujeres. Admirable para la época e incomparable para la historia. En definitiva, tuvo que existir mucha pasión en los ideales y mucho corazón de soldadera seguidora de su hombre. Eso sí, la pasión subsiste y el corazón también. ;)

Tercer tiempo

En realidad, las Adelitas solo variaron de ropaje y de escenario. Continúan con las múltiples funciones de antaño, cambiando los fusiles y las cananas por lavadoras y hogares que atender. Los corretajes son a la escuela, actividades de los hijos o a su propio trabajo. Ahora son mujeres que encuentran distintas realizaciones personales: madres, esposas, mujeres y su incorporación al mercado laboral. Las luchas en todos sus roles son sin cuartel. Como tambien lo son las satisfacciones que se tienen.

Sin embargo no debemos olvidar a las menos favorecidas, las que todavía visten con falda larga y rebozo cargando en sus espaldas un hijo desnutrido, las que no conocen ni siquiera lo que es tener un techo donde dormir, las Adelitas a quienes cien años ha sido el mismo año repetido cien veces. Las hermanas indígenas que sufren y que precariamente sobreviven sumidas en el abandono y la miseria. Son parte del mosaico policromático de este México nuestro.

Cada día encuentro a mi paso otras Adelitas, mujeres que destacan también por su gran valía y arrojo, como aquellas Adelitas de la revolución. Mujeres que laboran como empleadas o funcionarias, jornaleras, obreras o empresarias, el caso es igual: asumen sus distintos roles con entrega y pasión digna de reconocer en todo momento.

Son mujeres comprometidas con lo que hacen. Adelitas modernas que combaten sus propias luchas: la búsqueda de empleo y de un salario que devengar. Adelitas sedientas de justicia como las madres de las muertas de Cd. Juárez, de los niños de la Guardería ABC o las mamás de tantos y tantos inocentes caídos. Mujeres que –entíendase- jamás se cansarán de pedir justicia.

Adelitas que estudian y trabajan. Guerreras y esposas. Soldaderas de sus hogares y de su prole. Revolucionarias que se crecen ante los problemas. Buscadoras constantes de su desarrollo. Perseverantes y leales a su causa.

Adelitas de todos los tiempos. Seres comprometidos en lo que hacen y dicen; leales y patriotas. Perseverantes y hacedoras de sueños. Creadoras de mejores espacios de vida. Soldaderas que han comprendido que la mejor batalla es la que no se hace: la que evita absurdas comparaciones con los hombres y, en todo caso, se asume como compañera.

Revolucionarias que libran mil luchas diariamente por sus preocupaciones legítimas y responsabilidades claras. Mujeres de colores y de sombras, pero siempre vigentes.

Adelitas que se reproducen y siguen con mayor fuerza. Silenciosas o que alzan su voz. Valientes y frágiles, que caen y se levantan. Que siguen a su Juan o que lo dejan… o se les va.

El caso es que Adelita siempre será Adelita, la guerrera, la incansable, la eterna luchadora y revolucionaria. Aunque pasen otros cien años.

Y después del Bicentenario, qué?



Bueno, bueno, yo ya perdí la cuenta de la cantidad de spots que en todas sus modalidades he escuchado o visto. Ya atendí en innumerables ocasiones el discurso encendido, patrio, nacional, demagógico, retórico, (aunque debo reconocer que a veces con cierto sentido de realidad) de nuestro Presidente de la República.

Se han inaugurado plazas, monumentos, paseos; Se han exhibido películas, publicado libros, expuesto obras pictóricas y hasta una melodía compuesta por Alek Syntek, la que por cierto ha sido muy criticada, (algunos no asimilan todavía que la mexicanidad no se mide a partir del mariachi) a grado tal que el genial compositor se dio de baja de twiteer durante un tiempo.

Ni que decir del “puente” o inactividad laboral que nos espera desde el 15 de septiembre, aunque en algunas instituciones lo sea a partir del 16. Como quiera que lo veamos, el malentendido espíritu patrio nos exige que sea desde ya y ¡viva México!

Solo por curiosidad he preguntado a varios niños sobre el significado histórico de la Independencia y Revolución Mexicana. Tienen una vaga idea de lo que significa pero cuando les pregunto qué piensan que sucederá después de los festejos, apenas atinan a decir que nada.

Y esa es la gran pregunta: ¿Y después del Bicentenario qué?

No he de ser yo la aguafiestas nacional. Ni que aspirara a tanto. Pero caramba, nos hemos sumergido (por aquello de lo subterráneo) en eventos que poco o nada repercuten en el desarrollo del país y de la comunidad a que aspiramos. Millones y millones de pesos destinados a los eventos conmemorativos. ¿De qué puede servir este festejo nacional si no aporta nada al presente y al futuro? Me refiero a aportaciones concretas y con trascendencia firme en renglones tales como economía, seguridad pública, pobreza, educación y otros tantos aspectos que no pueden soslayarse del análisis que deberíamos estar haciendo en mesas de trabajo y de debate tanto en instancias académicas, sectores productivo, económico, industrial y desde luego las políticas, donde participaran partidos políticos, gobernadores, diputados y senadores.

No me atrevo a asegurar que sea falta de interés o ausencia de liderazgo. O ganas de que no se haga nada en este aspecto. ¡Caray! A doscientos años del movimiento de independencia, no ha surgido ningún Hidalgo o Morelos. Ni a cien años de la revolución tampoco tenemos líderes como Emiliano Zapata o Pancho Villa que abanderen causas justas ya no a través de movimientos armados por supuesto, pero sí a través de la revolución de ideas. Si acaso ha habido émulos que terminan siendo funcionarios de escritorio y líderes del tanto por ciento.

México no despertará después del festejo patrio en cama de seda. Los problemas seguirán siendo, la inseguridad también y miles de niños amanecerán de nuevo sin tener alimento. Trabajadores desesperados por falta de empleo y amas de casa buscando estirar el ingreso familiar después del gasto que implicó adquirir el atuendo para que sus hijos desfilaran caracterizados de Pancho Villa, Hidalgo, Porfirio Díaz, Adelitas, Morelos, y Josefa Ortiz de Domínguez.

Querer ver a un México glorioso, pleno, fuerte, vigente y actual, solo para adornar y enmarcar los festejos, es una manera irresponsable de proyectar la imagen del país. Lo peor es que los artífices (gobierno) de esa imagen, repiten tanto la mentira que la asumen como realidad.

En fin, creo que este bicentenario y centenario deben contribuir desde su historia al mejoramiento del presente y del futuro. La única forma de hacerlo es que los dirigentes políticos y de gobierno se sienten a la mesa y debatan sobre el México que queremos, ideando proyectos tangibles y de alcance al corto, mediano y largo plazo. Que por una bendita vez dejaran de lado los protagonismos, grupos de poder y pleitos de partidos políticos. De hecho, nada sería mejor que elaborar un plan de trabajo a realizar en forma conjunta, considerando los reclamos sociales que prevalecen: seguridad pública, educación, pobreza, empleo, etcétera. Ahora si que los herederos de aquella Independencia y Revolución les estaríamos reconociendo su espíritu nacional mexicano.

Ya en el pasado el Abrazo de Acatempan (Guerrero-Iturbide) fue el preámbulo para la firma del Plan de Iguala (1821) mediante el cual se declaraba la independencia de México.

¿Les costará demasiado a los políticos de hoy hacer el sacrificio por la Nación y pronunciar en estas precisas fechas un Plan que aborde la problemática del país y con ello aportar soluciones reales?







Universidades de calidad


Mira, Reyna, lo que sucede es que quienes tenemos empresas no tenemos tiempo para estudiar y realizar investigación sobre temas que nos interesan. Estamos dedicados al cien por ciento a sacar adelante nuestros proyectos… Más bien lo que queremos es que Ustedes, que están en las universidades, proporcionen los conocimientos necesarios para apoyarnos.

Así comentó recientemente un amigo con quien conversaba sobre el rol de las universidades y su quehacer dentro de la sociedad. Creo que él resumió con bastante claridad lo que se espera de las instituciones de educación superior. Cada quien en lo suyo debe aportar lo mejor de sí mismo para crear sinergia y con ello obtener un mayor desarrollo comunitario. No pareciera difícil pero, ¿hasta qué punto estamos haciendo nuestra tarea?

Las universidades hoy en día se someten a distintos procesos de evaluación y acreditación. En esencia esta medida no debería de existir como candado para acceder a la mejora continua, calidad, recursos financieros, etcétera, ya que por sí mismas las Instituciones de Educación Superior (IES) deberían (obligación) estar constantemente inmersas en esa actividad. No resulta de esa manera en muchos casos.

Por eso México se sumó al igual que otros países al proceso de acreditación de las carreras universitarias; se refiere a una evaluación de programas de estudio que abarca los renglones de atención a estudiantes, habilitación de profesores, infraestructura y otra serie de datos que inciden directa o indirectamente a la formación de los estudiantes universitarios. Así que cuando un programa de estudio se acredita, significa que se avala la calidad del mismo en todos sus aspectos, de lo que resulta un enorme compromiso para quienes laboramos en las universidades. Conlleva un plus académico para los egresados. No es una moda ni una política educativa temporal. En la Universidad de Sonora, donde prestamos nuestros servicios, es una política interna prioritaria. Y no cambiará, pues es ya una cultura dentro de nuestra institución.

El tema de acreditación fue también la razón por la cual recientemente hice viaje a Cancún, Quintana Roo, como ocurrió con el pasado viaje a Colombia, donde trabajamos sobre el proceso de acreditación internacional, en aquel entonces respecto a la carrera de Derecho la que ya obtuvo acreditación nacional. Hoy, en Cancún, por segunda ocasión nos reunimos directores y jefes de departamento de distintas Universidades de América Latina en relación a los programas de Contabilidad y Administración. Este foro académico nos permite conocer, analizar, evaluar, participar y asumir criterios de interés para el mejor desarrollo de nuestras instituciones, considerando las experiencias de Chile, Venezuela, Perú, Ecuador, Argentina y otros países participantes.

Por más alejado que esté un campus universitario de la capital del estado o del país, nunca debe haber distancia académica ni con su entorno inmediato ni con el mundo. La mundialización exige acercamientos y redes académicas que generen beneficios a las partes. Debemos romper viejos paradigmas de más o menos calidad de la enseñanza en función de la ubicación geográfica que se tenga.

No es tarea fácil y esto lo comprendemos quienes estamos en regiones alejadas del centro y que por lo mismo implica redoblar esfuerzos para alcanzar objetivos y metas de alta calidad, las que naturalmente inciden en un mayor prestigio académico.

Tampoco es tarea acabada esto de la acreditación. Sabemos que aún nos falta trecho por recorrer. El asunto es que estamos en el camino y por lo tanto en la ruta adecuada. Maestros, alumnos y trabajadores saben que en mucho, es cuestión de actitud hacia el trabajo. Y se tiene.

La vida universitaria es apasionante e intensa porque en ella convergen muchos pensamientos, criterios, opiniones y críticas. No está esto mal. Sucede que en la medida en que las ideas se expongan y se planteen propuestas viables, el trabajo en su conjunto avanzará significativamente hacia los objetivos establecidos. La diatriba y la retórica no son cartas de presentación de profesionistas de calidad y de compromiso social. Actuar de esa manera es simplemente negarse al progreso y estancarse en el pasado arropado en la dudosa comodidad del no comprometerse al cambio que exige la sociedad.


Vacaciones de verano


Desayunos a las doce del día, comidas a las cinco de la tarde y cenas… a las once p.m. La visita interminable al refrigerador es obligada. Excursiones alrededor de la colonia y fuera de ella; idas al cine y a los parques, recibir durante todo el verano a los primos que viven en otras ciudades. Llegada la noche dormir en cualquiera de las casas de los parientes, ahí donde se antoje o mejor convenga según el plan elaborado cuidadosamente para el día siguiente. Planes donde hasta el más pequeño interviene y opina. Democracia entre la tropa infantil y adolescente. Autoritarismo materno en receso. Padres consentidores pero vigilantes.

Mamás al borde de la histeria. Ropa y más ropa que lavar, interminable altero de platos y sartenes sucios, mientras las películas danzan una tras otra en el televisor. Súplicas de los pequeños (y también de los no tan pequeños) por ir a la playa y la aventura de vivir el placer de sumergirse en el agua para huir del mundanal ruido de perdida hasta la hora de comer sándwiches preparados para el caso. Apetito insaciable es característico de la época. Garrafones de limonada, Jamaica y tamarindo. Apenas así se alcanza a mitigar la sed producida por el sofocante calor y para el ejército también interminable de parientes, sobrinos y amistades.

Parientes y amigos que se encuentran o se reencuentran para compartir la vacación de verano. El tiempo es oro y se aprovecha. La complicidad de los primos (as) no tiene límite tanto como tampoco la tiene la convivencia entre ellos. Grandes veladas hasta el amanecer solo conversando ya sea en el porche o en la recámara, compartiendo todo, hasta los silencios. Adultos que plácidamente ingieren bebidas refrescantes cada atardecer, contemplando el ir y venir de los hijos o los sobrinos, o los nietos.

Mamás que cada noche gritan como letanía “apaguen ya la luz” o “ya entren a dormir”. Voces que se repiten generación tras generación hasta convertirse en eco del recuerdo imborrable. Niños que corren, gritan y saltan sin descanso. ¿Dónde tienen el botón de “parar”?

Sanitarios eternamente ocupados; alfombras sucias, camas sin hacer. Parece que la ropa brota o se reproduce exponencialmente. Jardines y patios que medio se limpian porque la tarea se dejó inconclusa: ¡Era más importante ir a dormir la siesta! Siestas que por cierto, nunca acaban.

Familias enteras disfrutan esos reencuentros. El desorden en los hogares es temporal y transitorio. Al final, cada quien regresa a sus obligaciones. Niños y adultos de vuelta a la rutina diaria. Madres que lanzan suspiros de tranquilidad, pues al fin son dueñas de sus hogares. Retoman el mando. Despedidas al final de cada verano. Los lazos fraternos se consolidan hasta sentir el dolor de la ausencia anunciada y el “nos vemos en navidad”.

Benditas vacaciones de verano. Juegos, risas y camaradería donde la imaginación es el pasaporte al sano esparcimiento. Boleto garantizado para el que no existe reserva de admisión. Tiempo que paradójicamente no tiene costo alguno pero que se guarda como invaluable tesoro en la memoria para solaz de los adultos cuando en verano se sientan a compartir con sus iguales bebidas refrescantes cada atardecer. A revivir los veranos infantiles y soltar la carcajada por las aventuras compartidas con primos y amigos.

Mi conversación con el Cura Hidalgo


De repente lo vi. Por fin había logrado mi objetivo, o al menos eso creí. Crucé el pórtico de la iglesia para encontrarme con Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Galeana Mondarte Villaseñor. Ahí estaba: con una personalidad arrolladora, carismático, gentil, no muy alto. Pelo entrecano pero no escaso. No se parece en nada a la conocida imagen oficial que tenemos de él. Voltea a verme, sonríe brevemente y hace señas de que lo espere. Está ocupado murmurando no se qué asuntos con José Joaquín –su hermano- y otros que según aprecié, eran Ignacio Allende y un guapísimo José María Morelos, el que, al percatarse de mi presencia, me guiñó un ojo. También se le conoce como el sacerdote de la libertad, aunque él se autodenominaba siervo de la nación. De repente recordé que a pesar de su sacerdocio, gustaba bastante de las mujeres. Bueno, al menos eso se dice desde entonces. Las malas lenguas aseguran que estuvo muy enamorado de una tal Francisca Ortiz pero se comenta que a la mera hora ella se decidió por otro. Su desilusión fue tal que ingresó al seminario.

Algunos niños corren presurosos por los pasillos detrás de un perro callejero, mientras espero pacientemente en una banca frente al jardín principal de la iglesia. Sus madres, con sendos rebozos, voltean a verme con extrañeza y disgusto. Mi vestimenta es tan distinta a la de ellas -enagua larga y huaraches-, que con pena le doy un tirón a mi falda corta de mezclilla. ¿Cómo es que llegué a este lugar vestida así? Trato de quitarme el maquillaje y disimulo la bolsa de mano que porto. Eso sí, escribo y escribo en mi libreta, tratando de anotar lo más posible los detalles que me rodean.

De repente oigo unos pasos y levanto la vista. ¡Es él, Don Miguel Hidalgo y Costilla! Con voz ronca y firme, me da la bienvenida no sin antes lanzar una mirada de desaprobación –supongo- a mi vestir. Dirigimos nuestros pasos a la sacristía en tanto le voy diciendo con pena que me disculpe pero que en mi época es normal esta indumentaria. Simplemente lanza un gruñido seguido de un “normal debería de ser que México estuviera en los primeros lugares de desarrollo; la cortedad de su falda solo refiere la cortedad del progreso del país por el que tanto luchamos. Su falda es lo de menos”. Se me olvida que el Zorro, como le llamaban sus amigos más cercanos, posee inusual astucia en juegos intelectuales. De ahí su apodo. Ya a los diecisiete años era maestro de teología y filosofía. Decido que tendré que irme con cuidado en la conversación. Apenada le respondo que precisamente con motivo del bicentenario del movimiento de independencia, el gobierno federal organiza una serie de eventos alusivos; que recién ha habido majestuoso desfile en la Ciudad de México de catorce héroes nacionales los que fueron recibidos por el mismísimo Presidente de la República en Palacio Nacional. Que estos próceres permanecerán once meses en un lugar especial para que los mexicanos podamos acudir a verlos.

De repente detiene su marcha en seco. Voltea para Interrumpir mi vehemente perorata, mirándome fijamente a los ojos:

Reyna, Reynita, ¿acaso crees que porque no vivo en tu época no alcanzo a comprender la dimensión de los problemas de México? ¿Sabes cuantas acciones y discursos se han justificado y apoyado en el movimiento independiente? Dime, ¿de qué ha servido la sangre derramada si al final siguen nuestros hermanos esclavizados? No te imaginas los corajes y sinsabores que he pasado ante tanta tarugada que cometen. ¿Honores? ¿Acaso crees que es un honor que me saquen de mi sepultura y me paseen públicamente ante un México destrozado en lo político, económico y social? ¡A mí que me dejen donde estoy! Lo único agradable de ese paseíto es haber visto los rostros de tantos hermanos mexicanos y te aseguro que a la par, ¡mi vergüenza no ha tenido medida!!

Sígueme –ordena-.

Ingresamos a la sacristía y con un ademán me ofrece asiento. Observo rápidamente que a pesar de la rusticidad del lugar, luce confortable, como invitando a la reflexión y la lectura. Fugazmente pasan por mi mente escenas de reuniones habidas en este espacio. ¡Cuantos de nuestros héroes de independencia habrán expresado aquí sus ideas y gestado ese movimiento histórico!

El Cura queda pensativo, parado en medio del lugar. Luego arrastra una silla y se sienta. Aprovecho para decirle: Señor, pero si sí hemos progresado muchísimo: Gozamos de educación, salud, trabajo… Bueno es cierto que no se ha logrado abatir los índices de desempleo y que la generación de mano de obra no es tarea fácil pero ahí la llevamos… no es tan sencillo combatir la pobreza pero se hacen esfuerzos significativos... A doscientos años del movimiento de independencia los saldos son buenos… Además… Apenas iba iniciando mi monólogo cuando de repente el Zorro da un manotazo sobre la mesa rústica que se tambalea. Se levanta, avanza hacia un fogón donde permanece una cafetera humeante. Remueve con una vara las cenizas. La deja al lado a la par que toma una taza del estante superior y se sirve café. Toscamente me ofrece una, la que acepto de inmediato. Yo, que he observado con atención todos sus movimientos, advierto hasta entonces que mi garganta está seca.

¡Así que crees que vamos bien! –dice- Así que te parece bien y correcto que la pobreza no se acabe a pesar de la danza de millones que destinan a cada programa! ¡Con que está bien que la gente no tenga empleo y que los municipios hayan olvidado la razón de su existencia y se conviertan en coto de poder para unos cuantos! ¿Y qué me dices de la seguridad pública? Con sorna dice: ¡Muy contenta has de estar, al igual que millones de mexicanos! ¡No les han alcanzado doscientos años para componer el país! Se deja caer en una vetusta silla. Agacha la cabeza, tal vez cansado, tal vez decepcionado. Una inmensa pena me invade.

Murmuro unas cuantas palabras y le digo que sí hay autoridades que están aplicando esfuerzos importantes para que se genere el cambio en aquellos renglones que la sociedad demanda. Que en distintos espacios educativos se gestan nuevas mentalidades, personas proactivas y comprometidas con la comunidad. Nuevamente soy objeto de su iracunda mirada, la cual estoy decidida a sostener pues estoy cierta en lo que argumento. Luchamos y termina dulcificando su rostro. Mis manos tiemblan aunque trato de disimularlo.

El caudillo se levanta, camina de un lado a otro. Su larga y roída sotana negra –casi gris por el desgaste- parece gritar las mil luchas sostenidas. Porta su indumentaria con orgullo. Se detiene y con voz pausada dice: Sí Reyna. Sin duda existen muchas personas que en su propio ámbito se desarrollan y realizan funciones de la mejor manera posible… En el púlpito, aquí, -y señala hacia el templo- les digo a los feligreses que la mejor manera de concluir una guerra es solidarizándonos unos a otros. A veces me siento solo en esta lucha… En ocasiones me lastima ver como los indígenas prefieren que se les dé el pan y el alimento en vez de emprender acciones por sí mismos. Les hemos ofrecido ayuda para lograrlo. Pero temen alzar el vuelo. Medita un instante para preguntar: ¿Es lo que hoy en día le dicen paternalismo de Estado? Solo atino a decir sí con un gesto, pues es obvio que desea continuar hablando: No sabes el daño que esto provoca. Hemos tenido que luchar en dos líneas: Por una parte contra el yugo español y por la otra con los mexicanos mismos que prefieren seguir las inercias marcadas por unos cuantos antes que ser activos en su propio desarrollo. ¡La peor lucha la tenemos con nosotros mismos! ¡Como quisiera que esto se entendiera! Es necesario que cada mexicano asuma su propia realidad, que asuma su propio compromiso primero con la familia –ahí está la esencia de todo-, luego con su trabajo y en conjunto todos con la comunidad! No hay ningún secreto mi estimada Reyna.

En ese momento tocan a la puerta. Es Doña Josefa Ortiz de Domínguez. Aunque no nos presentan, la reconozco de inmediato. ¡El peinado es inconfundible! Se acercan al fogón e intercambian algunas palabras, lo que aprovecho para observarla. Vestía recatadamente, con falda larga y blusa de cuello alto. Traía unas arracadas de oro y en realidad no es fea. Más bien es una mujer atractiva, alta, no muy delgada. Agitaba las manos –muy cuidadas por cierto- de tal manera que delata su temperamento recio. Ella le entrega algunos papeles al cura y se despide. Solo me dirige una breve mirada a manera de despedida.

El cura Hidalgo revisa rápidamente los documentos. Los guarda bajo su sotana, lo cual llama poderosamente mi atención y finjo que no he visto ese movimiento. Camina de un lado al otro, se mesa el cabello, se asoma por la única ventana que tiene el lugar. Aspira profundo, parece que se le ha olvidado que ahí continúo sentada y exclama: ¡Como duele este México tan querido! ¡Hemos suprimido la esclavitud y repartido tierras, pero no hemos sabido aún como romper las cadenas de la pasividad, del desinterés, del buscar culpables pero no soluciones! Declaramos la igualdad de todos ante la ley, pero la misma ley se ha encargado de establecer desigualdades que lastiman. Luchamos por un país sin opresión y resulta que la peor opresión que se tiene hoy en día es el abstencionismo electoral. ¿Cómo entender esto?

Queríamos una patria libre y justa. ¡Desde hace doscientos años! Me pregunto cuánto tiempo falta para que cada uno de los mexicanos y mexicanas, para que quienes ostenten el poder, alcancen a darse cuenta que la única solución es transitar el mismo camino, tener el mismo rumbo, con responsabilidades compartidas, no divididas…

Poco a poco fui perdiendo el hilo de la voz del Cura Hidalgo hasta convertirse en un murmullo inaudible … de repente escuché a una voz lejana que narraba el paso de los restos de los catorce próceres de la Independencia. Era el comentarista de televisión. Desperté. ¡Solo había estado soñado!

Las Abuelas

Agosto, mes de las y los abuelos. En su homenaje.

Veo a mi hija conversar con mi madre. No se que hablan ni que cuchichean. Más tarde van juntas de compras. Se hablan por teléfono. Se entienden perfecto. Me gusta verlas así, con sus propios códigos de comunicación elaborados cuidadosamente al través del tiempo. Respeto sus espacios y sus tiempos. Como sucede entre nietas y abuelas, existen lazos que se han fortalecido desde sus raíces. Desde siempre.

Cuando me dicen que el 28 de agosto es el dia de los abuelos, sonrio y digo que el día de los abuelos empieza el preciso momento en que nacen los nietos y nunca jamás deja de ser “día del abuelo” (a). Recuerdo perfecto a mis abuelas. Su andar y su hablar permanecen indelebles en mi memoria. Mujeres de temple y de noble corazón que bien nos regañaban fuerte o nos apretujaban en su pecho. Al morir mi Nana Ema por ejemplo, los bisnietos que conformaban en ese momento la tropa infantil de la familia, hicieron valer su voz y exigieron acompañar al féretro caminando hasta el cementerio, rebelándose al acuerdo de los adultos de trasladarlos en un vehículo aparte, para evitarles escenas en ese momento tan lamentables. Ver a mis sobrinos más pequeños caminar pausado, silencioso y con sumo respeto al lado justo de su legendaria Nana Emma sentí que fue el mejor homenaje que se le pudo haber brindado porque caminaban como si en ello les fuera la vida misma.

Para fortuna de mis hermanos y primos, tuvimos varias nanas. En Sonora, debo decir, les decimos nanas a las abuelas o a las tías mayores más cercanas. Y mi Nana Rosa era fenomenal. Vivia en la Ciudad de México a donde fuimos algunos veranos para estar con los abuelos maternos. Ir al mercado sobre ruedas con mi nana Rosa era toda una experiencia. “Doña Rosita, Doña Rosita, pruebe esto… y pruebe lo otro… y esto que recién ha llegado” le decían los vendedores. La nana Rosa a nada decía que no y para todos tenía la palabra justa, el halago perfecto, el detalle preciso. De vuelta a casa, el azúcar se le disparaba y regaños tremendos de sus hijos por haberle “dado vuelo a la hilacha comiendo dulce”. Ella no pronunciaba palabra pero al final del dia me cerrraba el ojo y decía: Reynita el próximo jueves volvemos a ir, pero ya sabes, tu no digas que comí dulce. Doña Rosita, la del catorce (departamento) era la líder del edificio, la que atendía igual al pobre que al rico. La que armaba rebeliones y arengaba ante las injusticias; abanderaba causas que sabrá Dios como le hacía, pero terminaba arreglando pleitos y disgustos. Era una nana atípica sin duda: bromista, cantante, poeta, líder, política, dicharachera.

Ir a la casa de mi Nana Angelita era estar en una casa de madera, ante una cocina con el fogón siempre encendido donde se aspiraba una mezcla de olor a leña, sopa y café recién tostado. De vez en cuando mi olfato identifica algún olor semejante y los recuerdos se agolpan en mi mente. Respiro profundo y voy desdoblando uno a uno de ellos. Acostumbraba ofrecernos comida la que presurosos aceptábamos pues ir a su hogar era caminar una enorme cuesta que subíamos y bajábamos infinidad de veces en nuestras vacaciones de verano. Veranos en los que el tiempo no existía. Me tiraba en la huerta de mi Nana Emma, bajo un árbol de manzanas, durazno, membrillo o albericoque a leer y leer hasta el cansancio y comer frutas según el árbol escogido. Mas tarde era cuando mis hermanos y yo, subíamos la cuesta para ir con la otra nana, con Angelita.

Tres Nanas, una historia: Las abuelas son y han sido el motor de la familia. Sin ellas ninguna de nosotras hubiera logrado lo que hemos hecho: Ni las hijas de mis abuelas y tías y ahora ni mis hermanas ni yo respecto a la nuestra . ¿ En que hogar no ha sido así? Las abuelas son eje fundamental para el desarrollo de sus hijas quienes con la plena y absoluta confianza les depositamos el cuidado de los hijos. Sabemos que la experiencia, el amor, el cariño, hacen que esos cuidados se transformen en una educación firme, con valores y conductas de futuros ciudadanos honrados y respetuosos. Las abuelas son madres en versión corregida y mejorada. Han vivido una vida que les permite contar con suficiente experiencia para saber consentir a los nietos hasta el límite que ellas en su sabiduría empírica saben delimitar. Detrás de cada mujer que trabaja, es casi seguro que existe una abuela que participa en el cuidado de los nietos. A veces se abusa, es cierto. Pero el hecho es que es un soporte fundamental sin parangón alguno.

Por eso opino que deberíamos no solo festejar a las abuelas en su dia, sino reposicionar su función dentro de la sociedad mexicana donde ha pasado de ser una persona con perfil pasivo a otro activo en la economía de las familias. Ninguna abuela o nana que se precie de serlo, aceptaría que su rol es el de la “abuelita” de los cuentos y las fantasías. Son mujeres activas, trabajadoras, pensantes, participativas, conscientes de su rol dentro de la familia. Ahora son abuelas cibernautas.

Las abuelas o nanas crean sus propios lazos y redes con los nietos. Son el clan perfecto, fiel, leal y comprometido. ¡Los nietos son los mejores soldados y escuderos de las abuelas! Cuando veo a mi hija en esa relación estrecha con su Nana, solo pienso en que los ciclos se repiten. Y estoy segura que habré de disfrutarlo plenamente. Aunque falta mucho para ello.

Publicado en agosto de 2009 en http://www.cosasdereyna.blogspot.com/

Actitud y aptitud



¿De modo que buscas trabajo? ¿Así que ansías alcanzar el éxito? ¿Con que buscas tener un mejor nivel de vida?

En efecto, son preguntas que en alguna ocasión nos han formulado o bien hemos hecho. Nadie que haya ingresado al mundo laboral nos hemos escapado de ellas. Y no está mal. Ante las reformas estructurales que se están discutiendo para elevar la productividad y competitividad de las empresas, - por cierto estancadas las discusiones en el plano político-, algo tenemos que hacer en nuestro propio ámbito para avanzar en la ruta del desarrollo y estabilidad que anhelamos. Paradójicamente quienes a veces menos piensan en ello son quienes tienen la fortuna de contar con un empleo. Tal vez sea porque consideran equívocamente que un trabajo es ya una garantía de por vida. O al menos mientras dure. Este nefasto pensamiento debe ser erradicado.

De ahí la importancia de los conceptos actitud y aptitud. Dos mágicas palabras a las que Winston Churchill se refirió, afirmando que las actitudes son más importantes que las aptitudes. Aptitud es poseer la capacidad para realizar una tarea, función o actividad: Preparación y estudio; habilidades y destrezas. A diferencia de ello, la actitud es un estado de ánimo con una conducta enfocada al logro de los objetivos propuestos. Así, por ejemplo, existen personas sumamente aptas para realizar tareas y no destacan o no son promovidos debido a su actitud. ¿De qué ayuda ser un muy preparado gerente o empleado si atiende a las personas en forma malhumorada, despótica y sin ninguna consideración? ¿Acaso se es mejor funcionario/empleado según la cantidad de títulos académicos que posea? No. El director de una empresa cuya actitud sea hostil, grosera o maleducada, será identificado con mil epítetos nada favorables; en cambio, un conserje cuya aptitud y actitud al trabajo sea positiva, seguramente será visto como el Sr. Conserje, tratado con respeto y consideración.

Aptitud y actitud marcan la diferencia. No es tema menor, sobre todo considerando que los solicitantes de empleo abundan pero los trabajos escasean. Cada día egresan más profesionistas de las universidades y se suman a los que ya están en el mercado laboral. Por otra parte, las organizaciones valoran con mucho a personas con amplia disponibilidad para el trabajo y buena actitud pues es altamente probable que su personalidad sea factor que contribuya a la empresa. Como sea, un trabajador con actitud positiva, proactivo, aprende más fácilmente. Las personalidades negativas no se modifican y acarrean problemas. Así que la combinación aptitud y actitud puede constituir un gran aporte en la carrera profesional. Ser coherente en el decir con el hacer reditúa con creces al mediano y largo plazo. Es inversión pura.

Pero ¡ojo! Simular tener actitud es algo que se percibe claramente. Es característica infalible en personas cuya holgazanería se detecta por su desinterés en el quehacer diario o porque hacen lo que no deben, trabajan a regañadientes o peor aún, no tienen funciones específicas y navegan por las oficinas criticando todo y haciendo nada. ¡Esto les resulta muy cómodo y tratan de sostener esta situación lo más posible! Claro, quien no tiene una lista de tareas por realizar, nada tiene que reportar al final del día. Y por ende asume que nada hay que exigirle.

La cultura del trabajo individual y colectivo debe por necesidad modificar la ruta del solo hacer lo que me toca para cambiar a la de hacer trabajo en equipo y medirlo por productividad y resultados.

Me resisto a la triste idea de que los mexicanos no sabemos trabajar en equipo y que de productividad no queremos saber nada. De ser así, no tendríamos empresas exitosas, instituciones ejemplares u organizaciones reconocidas mundialmente por sus resultados. Sería tanto como descalificarnos a nosotros mismos. Finalmente, empresas, instituciones u organizaciones funcionan bien o mal según la actitud y la aptitud del factor humano que las compone.

El Dalai Lama dice que “Casi todas las cosas buenas que suceden en el mundo, nacen de una actitud de aprecio por lo demás”
Tiene razón.

Votar o no votar el uno de junio